Crítica de Algo muy gordo: Berto Romero's next project

Estamos ante un chiste único que se va quedando sin gas

Berto Romero en «Algo muy gordo»
Berto Romero en «Algo muy gordo»
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Berto Romero es un personaje mediático que hace tiempo superó su condición de protegido del entrañable Buenafuente (aunque sigan juntos). Esta película dramatiza (aunque no le haría falta) una personal declaración de independencia que se plasma en una película en solitario, un proyecto atrevido y original que aborda al unísono con el realizador Carlo Padial. Ambos, Berto y Carlo, aparecen con sus nombres explicando los detalles durante el rodaje, y esos detalles son lo más divertido de la película que vemos en pantalla; de hecho son lo único divertido: estamos ante un chiste único que se va quedando sin gas.

No sé si es eso que llaman post-humor o más bien se trata de algo más o menos gordo que le hace mucha más gracia a sus creadores que al supuesto receptor. Y la principal novedad del proyecto, que es digital y tiene muchos efectos especiales, no pasa de ser algo que se repite pero no se elabora: es, literalmente, una premisa virtual.

En su haber, cabe reconocer el riesgo del formato elegido que no es otro que el del fake o falso documental: en esta ficción los personajes hablan a cámara tanto como entre sí. Eso es algo que de todos modos no es ninguna novedad, aun fuera del mundo de los «realities». En este mix de la docuficción se han internado famosos como Jorge Sanz o Joaquim Phoenix, quizá arriesgando más que Berto que al final sale indemne de su paseo por el lado oscuro del arte de la imagen mientras que a Carlo le pasa como a algún funcionario que se dejó deslumbrar por arquitectos mediáticos como Calatrava.

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