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Así fue la crítica de ABC de «La niña de tus ojos» hace 18 años

Escrita por Oti Rodríguez Marchante en 1998, se tituló «La niña de tus ojos»: Siempre nos quedará Despeñaperros

Así fue la crítica de ABC de «La niña de tus ojos» hace 18 años

Aunque la frase no es de Alan Alda, es él quien la dice en «Delitos y faltas»: la comedia es tragedia más tiempo. Una vez que se ha curado la herida, uno se ríe del accidente, claro. Por ejemplo, el nazismo puede ser ya hoy objeto de rechiña, aunque quizá haya más mérito en hacer lo que Lubitsch o Chaplin que le sacaron el chiste en plena fiebre.

El fin de Trueba en «La niña de tus ojos» no es, hay que suponer, chotearse ahora de los nazis, ni del fascismo rampante durante la guerra civil española, ni del cazurrerío folclórico de la época, ni de la lógica del miedo traducida en la rapidez con la que alzaban el brazo los «cómicos» en ejercicio... Trueba despliega el mapa de la tragedia y se lanza en picado a buscarle ías cosquillas.

Ésta es la tragedia: en plena guerra civil, el equipo de una película ve una posibilidad de escaqueo yéndose a rodar un «musical andaluz» a los estudios de la UFA en Berlín. Es gente desesperada y hambrentona, capaz de tener una actitud sumisa y perruna con tal de salir de la trinchera y la escasez, que se dan de bruces con un ambiente en el que cualquier vida pende de un hilo y cualquier hilo del capricho de un monstruo.

Gente que verá enseguida que la guerra al nazismo es más segura que la paz en el nazismo... Y ésta es la comedia: Macarena Granada, la protagonista de «La niña de tus ojos», la película que van a rodar en Berlín, naturalmente llama «Güeves» a Goebbels; el protagonista, Julián Torralba, de bigotillo fino y cultura aún más fina, ha de someterse como un auténtico «macho» a los avances sexuales, del hombretón alemán que interpreta su papel en la versión nazi; el director, Blas Fontiveros, le cae enseguida gordo a «Güeves» y se le pone en la cara ya para los restos como un golpe de colitis, y un rictus como de final de «Casablarica»... Y los demás de la plantilla de técnicos y artistas españoles, que beben, se empapuzan, trajinan y sobreviven entre la tenebrosa luz del peligro inminente al grito de «arsa», y los judíos sacados de un campo de concentración y vestidos de feria de abril para la película.

A un guión ancho y construido para divertir, le corresponde Trueba con una fastuosa puesta en escena que le permite al cine salirse por los bordes.

«La niña de tus ojos» se convierte apenas si cabe, de puro decorado y ambiente, en la niña de los demás ojos. Y también le corresponden los actores con un compacto bloque de interpretaciones, graciosas, esmelenadas, potentes, en especial la de una Penélope Cruz atacada de genio faraónico y de chispa andalusí (tal vez un raro pudor le ha impedido a Trueba darle más «tablao» y más «número» del que le da). Las bendiciones de la gracia son siempre opinables, pero, desde un punto de vista personal, Jorge Sanz está realmente cómico en la defensa de sí mismo y Neus Asensi en el ataque a la diva.

Y sin salirse del terreno de lo personal, un pero: la farsa se le come a Trueba el sentimiento que, sin duda, debe permanecer en estado latente en la histeria de «La niña de tus ojos». O dicho de otro modo: te diviertes en los momentos graciosos, que son muchos, pero te quedas en el umbral del pozo de los sentimientos, que debieran haber sido tantos. O de otro: una pizca más del prefijo «co» le hubiera venido de perlas a la mucha y buena «razón» con que está hecha la película.

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