Madrid - Plan B

Rock-Ola: reabre el templo de la movida

Los promotores de la legendaria sala de conciertos de la Movida suben el telón en la calle de José Abascal

Los hermanos Perandones, fundadores de la primera sala, en el nuevo local de José Abascal
Los hermanos Perandones, fundadores de la primera sala, en el nuevo local de José Abascal - Rafa Albarrán
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Ha cambiado de ubicación (de la calle Padre Xifré a José Abascal), pero el espíritu es el mismo. De hecho, sus responsables son los mismos que abrieron el local que revolucionó la noche madrileña a principios de los ochenta, acogiendo los conciertos más rompedores y convirtiéndose en el lugar de reunión por excelencia de la «troupé» más selecta de la Movida. «He invitado a muchos de ellos a la inauguración, pero sé que la mayoría no vendrá. Ahora son muy así», bromea Pepo Perandones, uno de los codirectores originales de la sala (junto a Lorenzo Rodríguez) y ahora parte del equipo responsables de su renacer.

Todo empezó de la mano de la sala Independance, que compró la marca Rock-Ola y buscó a sus primeros responsables para ponerlos al frente del proyecto. «Como he seguido haciendo este tipo de trabajos, no lo dudé ni un segundo», dice Perandones, que ha dirigido la programación de la sala Arena durante los últimos años. «Allí tengo que ser más ecléctico, pero en el nuevo Rock-Ola programaré sólo lo que me gusta, lo cual es un placer».

La idea es ofrecer una alternativa de ocio a gente «de treinta y cuarentaytantos a los que nadie quiere hacer caso. Ahora sólo tienen dos opciones, o meterse en discotecas abarrotadas de veinteañeros, o ir a salas donde la música no les gusta. Hay un sector de ese público que está deseando encontrar una sala donde puedan escuchar los éxitos de los ochenta».

Nuevos valores

Su hermano Magín, el DJ de la sala original, pinchará hits de la década «al estilo Rock-Olero, nada de Madonna y tópicos por el estilo», dice Pepo. Además, Rock-Ola no pierde su prurito descubridor de nuevos talentos y acogerá actuaciones de bandas emergentes. «Serán conciertos pequeñitos -señala Pepo-, porque la sala no tiene la misma envergadura que la original y el escenario es bajito».

Pepo y Magín ya no trabajaban en Rock-Ola en su última etapa, cuando la mala suerte se cebó con la sala. «Primero hubo un incendio en el que se perdió el archivo de vídeos, que era enorme ya que grabábamos todos los conciertos», se lamenta Pepo. Poco después, un «mod» mató a un rocker en una pelea en la puerta del local, precipitando su cierre. Un inmerecido final triste para una leyenda que ahora tendrá una segunda oportunidad. «La diferencia es que ya no habrá escupitajos», ríe Pepo, que recuerda que el público «siempre» recibía a salivazos a los artistas. «Pero igualmente viviremos grandes veladas de pop-rock», promete. Con Mamá como primer gran atractivo (el 11 de noviembre), la cosa no empieza nada mal.

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