La obra «Carmen», de Bizet, que se está representando en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid
La obra «Carmen», de Bizet, que se está representando en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid - ABC

Cuando el verano es flamenco

La obra «Carmen» y varios locales de actuación en directo mantienen vivo el género

MADRIDActualizado:

En el local Torero, ahí en sus entrañas de galeón castizo, echan flamenco de arte, en directo, durante sesiones de tarde y noche. No es una discoteca del género, aunque a ratos se baila por bulerías de grabación, sino un espacio puro y memorable donde se ofrece un espectáculo en vivo, fruto de la imaginación de «El Mistela», un bailaor de podio. El espectáculo se titula «Essential Flamenco», y lo ha montado «El Mistela» después de bajarse de las tablas añejas de El Español, que tronó de éxito con lo suyo. A esa hora en que Torero se pone ebrio de lunares, a tres pasos, en el teatro Nuevo Apolo se levanta a diario «Carmen», la obra mítica de Bizet, en versión del ballet Flamenco de Madrid. Es lo de siempre, pero en mejor brío, y con volantes.

Bastarían estos dos espectáculos para ponerle título de flamenco al verano de la ciudad, pero Madrid tiene un espíritu flamenco desde siempre, que es y no es la ruta flamenca que proponen a los japoneses de visita. Ahí está, en la copa del asunto, el Cardamomo, bar de copas de la calle Echegaray, que viene a cumplir como el Bernabéu de las barras de los gitanos finos de la city, esa «tribu de las pupilas incendiadas», según acuñación de Baudelaire, que era un gitanazo de buhardilla parisina. El Cardamomo carga con fotos de ambientación de los maestros del género, desde Antonio Carmona a Estrella Morente o Niña Pastori, que a veces no son sólo una foto, sino clientela a su aire del garito, que ahora también se desdobla en restaurante, cuando toca. Cardamomo está muy recomendado, y con razón, en las guías internacionales del cachondeíto inolvidable, empezando o acabando por las hojas del género del New York Times.

La calle Echegaray, donde queda el sitio, fue antaño una calle de trasnochadoras con tarifa y ahora es un cruce de hostales añejos y garitos raciales donde les da el alba a japonesas que se colocan con la bulería y a bailaores de Vallecas que siempre tienen la noche pendiente, aunque la noche se acabe. Es la calle Echegaray la calle más flamenca de Madrid, con prórroga en Villa Rosa, un célebre laberinto con tablao, que cierra o abre la plaza de Santa Ana, según se mire. El Villa Rosa viene de principios del 1900, se decoró mirando a la Alhambra, y sus azulejos taurinos son obra del ceramista prestigioso Antonio Ruiz, el mismo que firmó los azulejos que dan nombre a todas las calles del viejo Madrid.

Además del Cardamomo tiene renombre en la misma calle Echegaray La Boca del Lobo. En todo caso, estamos hablando de garitos de largo trasnoche, donde la música es siempre el flamenco nacional de ahora y de siempre. Las guapas morenas de rojas lunas ponen a bailar los ombligos mientras suena Jose Mercé, o de Diego El Cigala, que parece siempre que cantan al alba, y que lo mismo hasta están por ahí. Camarón siempre está. Aunque no esté. Es su barrio.