Yakiniku Rikyu
Yakiniku Rikyu - ABC
Crítica

Yakiniku Rikyu: coreano con filtro japonés

Las parrillas conocidas como yakiniku están instaladas en todas las mesas del restaurante

MADRIDActualizado:

Cada vez es más evidente que la especialización es una de las mejores formas de asentar un restaurante, o al menos de abrirle camino en un sector tan competitivo y plagado de novedades cada semana. Así lo han entendido los responsables de Yakiniku Rikyu, conscientes de que la oferta de cocina japonesa en Madrid es abundante y que para abrirse un hueco tenían que ofrecer algo diferente o, al menos, poco habitual. Lo que han hecho ha sido apostar por una cocina de origen coreano que curiosamente tiene mucho éxito en Japón. La clave está en las parrillas conocidas como yakiniku, que dan nombre al establecimiento, y que están instaladas en todas las mesas del restaurante para que los clientes se hagan al gusto diferentes carnes y verduras. La oferta no acaba ahí, ya que se completa con distintos fermentados y con varias sopas que tienen su origen en Corea, aunque pasadas por el filtro nipón. El local que ocupan es bien conocido de los madrileños ya que allí estuvo durante unos años Nikkei 225. Luego pasó por otras manos hasta que un grupo japo-coreano se ha hecho con él para poner en marcha este concepto que ya lleva unos meses de rodaje, aunque de manera discreta. Desde hace apenas una semana han comenzado a abrir a mediodía ya que hasta hora sólo lo hacían por la noche.

Impresionan las parrillas situadas en las mesas, traídas especialmente desde Japón. Alcanzan una temperatura de hasta 140 grados y tienen un extractor de humos en la parte inferior que hace que no salga nada al exterior. Algunas mesas imitan a las genuinas japonesas, aunque con espacio para introducir las piernas por debajo. En estas se obliga a los clientes a descalzarse, como es práctica habitual en el país oriental.

Como decimos, la oferta principal está en las distintas carnes, especialmente las de wagyu de Ozaki (entre 37 y 53 € según cortes), que se presentan crudas, cortadas en finas láminas, para que el comensal le dé el punto que prefiera. Hay también algún corte de lomo de vaca gallega (20) o de costillar (20). Si les gusta la casquería, mucha atención. Los coreanos era lo que más utilizaban, y aquí encontrarán hígado o corazón (11) previamente adobados en miso, o una excelente lengua curada en sal (12). Muy recomendables. Para empezar, el popular kimchi (9), col encurtida, que al igual que el «Namur» (11,50), verduras aliñadas con sésamo, sirve de acompañamiento a toda la comida. Interesantes también el «yukke» (17), un steak tartar preparado con yema de huevo, manzana y un aliño de sésamo, y el «tonsuku» (12), una tarrina de manitas de cerdo cortada en finas láminas.

Notables las sopas que, siguiendo la tradición oriental, se sirven al final. La «yukke jhang» (9,50), de miso rojo, está muy buena, aunque no tan picante como se anuncia. También la «tamago» (7), un consomé de ternera con huevo y puerro. Ambas resultan potentes y sabrosas. Como ocurre en casi todos los restaurantes orientales, los postres son prescindibles. Probamos uno de chocolate con yuzu y té verde (8) sin interés ninguno. Carta de vinos en formación, todavía pendiente de afinar, con algunos sakes atractivos.

Lo mejor: Casquería y sopas.

Precio medio: 70 €. Menús degustación: 60 y 80 €.

Calificación: 7.