Crítica

Sasha Boom, cocina de mestizaje

Platos muy personales en los que América y Asia se dan la mano, con la incorporación de elaboraciones inspiradas en Oriente Próximo y el Mediterráneo

Sasha Boom, cocina de mestizaje

Tras el éxito de Pink Monkey, restaurante abierto a principios de este año que ofrece platos de la denominada cocina callejera, tan popular en Asia e Iberoamérica, el cocinero Jaime Renedo y su socio, François Poplawsky, se lanzan a una nueva aventura en otra zona de la ciudad, con nombre diferente pero con la misma filosofía del primero. Informalidad máxima y esa cocina de mestizaje que el joven chef madrileño conoce bien por sus viajes por los continentes asiático y americano. Platos muy personales en los que América y Asia se dan la mano, con la incorporación también de elaboraciones inspiradas en Oriente Próximo y el Mediterráneo. Cocina global que se refleja en una carta de apenas veinte referencias, pensadas la mayoría de ellas para compartir. No es un lugar con grandes aspiraciones gastronómicas, pero se come razonablemente bien y a precios correctos en un ambiente moderno y desenfadado.

El local que ocupa Sasha Boom es en el que en los últimos años estuvo ese buen restaurante llamado Lakasa, que el pasado verano se trasladó a una nueva ubicación, como ya contamos en esta página. Las grandes cristaleras proporcionan mucha luz natural durante el día, mientras que por la noche una iluminación tenue transforma por completo el espacio con detalles decorativos actuales. Frente a la entrada una barra metálica muy llamativa, con banquetas altas, donde se puede lo mismo comer algo ligero que tomar un cóctel creativo inspirado en el mismo mestizaje que en la carta. Alrededor, mesas de madera (sin manteles, esa perniciosa costumbre de tantos restaurantes que presumen de «informales»), más una amplia terraza en la ancha acera de la calle Raimundo Fernández Villaverde.

La carta se divide en varios apartados: entradas, ceviches, platos asiáticos revisados, dim-sum y postres. En cada uno de ellos platos pensados en su mayor parte para comer con la mano que tienen como puntos comunes el uso abundante de hierbas aromáticas y de toques cítricos y picantes, tan característicos de esas cocinas callejeras que Renedo quiere emular. Todos ellos aportan frescor e intensidad. Aromas y sabores exóticos que se traducen en salsas intensas en las que los chiles tienen destacada presencia como la nam jim o la nam prik de camarones, muy populares en Tailandia y que aquí acompañan a unos mejillones al vapor (7,50 €) o aparecen en uno de los platos más destacados de la carta, el sashimi de vieiras con nam prik al que se añade un gazpacho de chile, melón y lemon grass (18,50) que supone una atractiva combinación de texturas y sabores.

Las ostras fritas con salsa especiada (13,90), los baos rellenos de cangrejo de cáscara blanda con abundante cilantro (9,50), los dumpling de carabinero con curry rojo de su cabeza (15,50), o la original pizzeta libanesa (7,50) son elaboraciones muy correctas. Por el contrario decepciona un tartar de atún con yema de huevo (21), lo mismo que los dim sum de pollo y cangrejo con salsa XO (14,20), una mezcla que no funciona. Y que además son complicados de comer. Dos postres, brioche con maracuyá (6) y mochi de mango, tamarindo y chile (6), ambos perfectamente prescindibles. Carta de vinos justita que empuja a acompañar esta comida tan especiada con cerveza.

Lo mejor: La frescura y la intensidad de los platos.

Precio medio: 35 €. Menús degustación: 37 y 65 €.

Calificación: 6,5.

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