Madrid - Plan B

Barra Eme: Revisión de la cocina callejera

La coctelería es un punto fuerte de esta casa, especialmente la que se hace con pisco

Uno de los platos de la carta de Barra /M
Uno de los platos de la carta de Barra /M - FACEBOOK

Omar Malpartida ha demostrado en su restaurante Tiradito que es uno de los mejores representantes de la cocina peruana en Madrid. Ahora acaba de poner en marcha este nuevo negocio con una filosofía bien diferente aunque sin renunciar a sus orígenes. /M (un nombre bastante complicado, le llamaremos Barra Eme) es un espacio absolutamente informal dedicado a la cocina callejera de distintos lugares del mundo. Se encuentra en un alargado local de la calle Libertad y tiene como eje central una única mesa de acero, más bien una barra, con capacidad para treinta comensales.

A ambos lados se sientan los clientes en unas banquetas bastante incómodas. En esa larga mesa, que va con forma de zigzag desde la entrada hasta la cocina situada al fondo, se han dejado dos sitios para que los cocineros preparen al momento la mayoría de los platos. Barra Eme cuenta también con un pequeño reservado para ocho personas en el que está previsto ofrecer un menú degustación cerrado, y una pequeña zona junto a la puerta donde se puede picar algo y tomar un cóctel.

Precisamente la coctelería es un punto fuerte de esta casa, especialmente la que se hace con pisco, aunque también encontrarán clásicos como un dry martini o un cosmopolitan. Para quienes no quieran alcohol, una serie de jarritas con mezclas de zumos que recuerdan en cierta forma las populares aguas que se beben en México. La otra alternativa son las cervezas porque de vinos no hay apenas nada. La idea es incorporar algunos generosos andaluces.

La carta diseñada por Malpartida es un breve compendio de platos inspirados en esa cocina callejera, con predominio, obviamente, de los peruanos y con mucha fusión de ingredientes. Al hacerse la mayoría al momento y a la vista de los clientes resultan muy frescos. Además, con alguna excepción, en casi todos se respeta la potencia de los picantes, tan importantes en este tipo de cocina. Para empezar, unas botanas (aperitivos) entre las que sobresalen los choritos (mejillones) servidos en su concha con leche de tigre, ají amarillo, maíz, cebolla y tomate (2,5 € cada uno), y las gyozas chilangas (3,5, una). Las clásicas empanadillas japonesas se rellenan con carnitas y chile chipotle al estilo mexicano.

En los platos fríos hay un par de ceviches, pero nos quedamos con el aguachile de gambas (14), con tomatillo, pepino, lima y cilantro, acompañado de tortilla de maíz. Muy fresco e intenso a la vez, francamente bueno. Menos interesante la palta (aguacate) rellena (16,50), con causa peruana, mayonesa de chipotle y unos langostinos que se pierden por completo en la mezcla. De los calientes, a la espera de que el tiempo acompañe para probar el chupe seco de cangrejos, está muy buena la versión de los huevos rotos (15), con jamón, tempura de setas shitake y salsa de soja y hoisin.

El curry verde de lengua (17,50) presenta un interesante juego de texturas penalizado por la falta de picante. Es curioso que en casi todos los platos este sea un elemento fundamental y sin embargo se reduzca tanto en un curry. Para terminar, un par de postres. Probamos la tartaleta blanda de limón (8), empalagosa y nada cítrica. Prescindible. Algunos altibajos que no empañan la buena impresión general.

Datos útiles

Dirección: Calle Libertad, 5. Tel. 91 668 46 78. Cierra domingos noche.

Lo mejor: La frescura e intensidad de los platos.

Precio medio: 30 €.

Calificación: 6,5.

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