Félix Machuca - PÁSALO

Solo andaluces Félix Machuca

Ser andaluz no es ningún delito. Aunque creamos lo contrario

J. FÉLIX MACHUCA - Actualizado: Guardado en:

LOS proverbios romanos estaban preñados de fatalismo. Uno de los miles y miles con los que el Mediterráneo latino sentenciaba cualquier aspecto de su vida doméstica reza así: La Fortuna no se da por satisfecha infligiendo una sola desgracia. Al hilo de lo que viene ocurriendo en España resulta evidente que la Fortuna se está cebando con nosotros. Especialmente con los andaluces. A los que una mezcla de inconciencia, despreocupación, miarmismo generalizado y autoestima en paradero desconocido nos hace más vulnerables al capricho del destino y a las deslealtades obligadas de la Fortuna. Me arranco por peteneras para desmayarme con la realidad de los resultados de las últimas autonómicas. Cuatro millones de habitantes gallegos y vascos influirán en la política nacional más que los nueve millones de andaluces que andamos a patadas con nuestro destino. Es posible que una adversidad tan grande no sea imputable a la Fortuna. Más bien a las desafortunadas condiciones políticas en las que nos movemos. Demócratas y republicanos del estado yanqui de Luisiana fueron juntos a la pelea en el Congreso de la nación para pedir ayudas por los efectos devastadores del huracán Catrina. Sin que les pesara en la conciencia un atisbo miserable de ventajismo político ni tampoco nadie pensara que por pedir lo que les correspondía eran malos patriotas o unos americanos pícaros y ladinos.

Los andaluces no hemos tenido casi nunca una conciencia clara y transparente de lo que somos. Alguna desconexión con la realidad nos ha impedido creer en nosotros mismos y querernos como solo se puede querer a uno mismo sin caer en el onanismo más narcisista. Otros han caído y nadado en esa abundancia del amor propio y les va divinamente. Y como los republicanos y demócratas de Luisiana caminan juntos y de la mano a gritarle a Madrid lo que asegura que les corresponde. Sí, claro. Estamos pensando en las Vascongadas y en esa rara unanimidad que tiene el abanico ideológico de los ocho apellidos vascos para quitarse la asfixia de la igualdad pidiendo cupo y cupo al unísono y sin discordancias, como si pidieran copas en un bareto del casco antiguo de Bilbao. Eso resulta impensable aquí. En una comunidad que está representada en Madrid por 61 diputados y 41 senadores (si lo quieren escribir con c también cabe…) frente a los 18 diputados vascuences. ¿Son ellos más listos que nosotros? Lo mismo. Pero de lo que estoy seguro es que ellos son más vascos que nosotros andaluces.

Ser andaluz no significa ser independentista, soberanista, insurrecto o mal patriota. Significa ser tan español como la bandera. Pero no más tonto que Petete. Si esos diputados andaluces fueran una vez juntos al menos a defender, por ejemplo, las consecuencias irreversibles del desmantelamiento industrial o la vergüenza del paro estructural de la comunidad, lo mismo hasta nos escuchaban y nos respetaban. Pero hablan por boca de la política del partido que representan. Y atacan a Madrid cuando Madrid no es de su color político. Y se callan las ayudas a la fresa de Cartaya, verbigracia, cuando en Madrid gobierna un hermano del partido que manda en Andalucía. Es así de inútil nuestro destino. Con 102 representantes políticos, Andalucía suena menos en Madrid que «Ganemos Barlovento» (una marcha preciosa de nuestra Marina que interpretan todas las marinas del mundo) en los campos de refugiados de Tinduf, en el Sáhara argelino. Nacidos para la sumisión y el cainismo, nos ocurrirá lo que narra la fábula latina de «Hércules y el boyero». Camino de su casa, un boyero cayó con su carro en una zanja. Y en vez de intentar sacarlo no se le ocurrió otra cosa que invocar a Hércules, su divinidad de cabecera. Hércules lo escuchó. Pero le dijo: «Pon tus manos en las ruedas y fustiga a los bueyes. Y llama solo a los dioses cuando hagas algo por ti mismo». En esas estamos mientras el Hércules de nuestra bandera se rompe la garganta gritando que ser andaluz no es ningún delito…

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