Antonio Burgos - EL RECUADRO

Monumento a Carrier Antonio Burgos

Vivir y trabajar en Sevilla sin palmarla con estas calores es un monumeno vivo al inventor del aire acondicionado

ANTONIO BURGOS - Actualizado: Guardado en:

NI al seise, ni al costalero, ni a nadie. Hay que levantar antes en Sevilla otro monumento. Y bien grande. Los seises ya tienen su monumento: ir a verlos bailar en el Triduo de Carnaval, sin apenas nadie en la Catedral, días secretos para gozo íntimo de la Sevilla más auténtica. El costalero ya tiene su monumento en un edificio de oficinas del Puerto de Sevilla en la Avenida de la Raza, donde el escultor Manuel Echegoyán hizo dos memorables relieves de homenaje a los antiguos trabajadores de la colla del muelle, a las cuadrillas de estibadores que, llegada la Semana Santa, eran las mismas que sacaban los pasos. Los capataces de Semana Santa no eran otros que los que mandaban las cuadrillas que descargaban sacos de cemento de los vapores de Ybarra o cargaban naranjas en las motonaves de Filomeno de Aspe, las de Navicoas; y de allí procedían los más señeros, como Alfonso Borrero y su hermano Jeromo «El Cachas». Qué no mandaría Alfonso en el muelle, que hasta fue el primer capataz de Sevilla con coche: un Renault Dauphine.

Así que el monumento que debe levantar Sevilla, y cuanto antes, es uno muy relacionado con estos días: al inventor que nos ha librado de estas grandes calores y de la continuada e inusitada levantera de julio y agosto. Sevilla le debe un monumento al norteamericano Willis Haviland Carrier (1876-1959), que el día 17 de julio de 1902 diseñó el primer sistema de aire acondicionado moderno, lanzando así un sector industrial que iba a mejorar de forma radical nuestra forma de vivir, trabajar y actuar, y en Sevilla es no te quiero ni contar.

Los viejos cines ya derribados o transformados que recordarnos suele Carlos Colón, el Llorens, el Coliseo España, el Pathé, el Imperial, fueron los primeros que tributaron en Sevilla el debido homenaje a Carrier. En la cartelera de los meses de verano, todos ponían muy orgullosos, incluso antes que el título de la película y sus pases en sesión numerada o continua: «Sistema de Refrigeración Carrier». Y en homenaje a Carrier, por ejemplo, a la entrada del Cine Imperial, el pintor Camacho, que se dedicaba a los grandes cartelones de anuncios de las películas con retratos de sus actores y actrices, incluso ponía un oso polar con un fondo de pingüinos y «montañas nevadas, banderas al viento», por decirlo con una canción patriótica de la época.

¿Usted se imagina lo que hubiesen sido estos días de los 44,5 grados de máxima sin el invento de Carrier? ¿Quién aguantaba en casa? Sólo los anchos muros y el arte antiguo de enfrentar ventiladores en fuego cruzado mantiene fresquito el interior de Casa Morales sin aire acondicionado. En todos los demás locales y en nuestras casas, sobrevivimos al calor gracias al señor Carrier, que en paz descanse. Escuché por la radio (no por el extinto programa de Paco Robles en la Cope, cuya inexplicable supresión nos ha dejado huérfanos) que la otra tarde una señora puso un termómetro en el suelo de su calle y aquello señalaba 61 grados. A 61 grados al sol se descargaban barcos en el muelle y ni te cuento el calor que hacía en las casas y en las calles, a pesar de las velas, antes de que a Carrier se le encendiera la bombillita de inventar el aire acondicionado.

O quizá no haga falta levantar ese monumento, que ya está bueno lo bueno de tanto monumento. Poder vivir y trabajar en Sevilla sin palmarla con estas calores ya es un monumento vivo al inventor del aire acondicionado. Y en caso de que alguien se empeñe en levantar tal monumento en piedra o bronce, como los que han cogido la perra con el de los seises o el del costalero, yo tengo clarísimo quién ha de pagarlo: Endesa. ¿Usted ve la calor que hace, no? Pues esto no va a ser nada para el sudor frío que le va a entrar a usted por el cuerpo cuando Endesa le mande la próxima factura de la luz. Verá usted el dineral que tendremos que pagar por culpa del invento de don Willis Haviland Carrier. ¡Qué monumento ni monumento! Factura de la luz en mano, en octubre nos vamos a acordar de las castas todas del señor Carrier...

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