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#Vivalasvegas

Daniel Ruiz
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Cómo no se dio cuenta: Sevilla lo tenía ahí desde el principio. Una verdadera locomotora, un proyecto aglutinante y movilizador de las fuerzas vivas y también emergentes de la ciudad. Y además barato, sin herencias ruinosas como el Quitasol Parasol, sin desgastes paisajísticos como la Torre Pelli, sin la triste decadencia de Isla Mágica. Mucho más elocuente que el Año Murillo, bastante más propio de la personalidad de la Sevilla del Siglo XXI.

Viva las Vegas. Tres Mil Viviendas Park. Así, en letras luminosas, flamantes, visibles desde la lejanía de la Avenida de la Paz. El parque temático definitivo. Un paseo por la miseria más incontestable, un pedacito de Tercer Mundo a apenas cinco kilómetros del centro de la ciudad. Expediciones por bloques desmoronados, fotos con los yonquis que le dan al bazuco en los soportales, sortear ratas sin pillar la rabia. Al caer la tarde, bonitos selfies sin filtro ante un sol sonrosado recortando el skyline de la ciudad en ruinas. Pase una noche en Las Vegas y Sobreviva, una atracción de riesgo, ríete tú de la adrenalina del Jaguar. O un tour en autobús por los rincones más entrañablemente sórdidos. Puedes ser apedreado, pero eso forma parte del safari: al otro lado de la ventana, niños semidesnudos y desdentados, zombis incapaces de mantener la verticalidad, fogatas enlatadas que recuerdan al Bronx de los setenta.

Se le llama turismo experiencial, es la nueva tendencia. Propuestas creativas, frescas, cool. Resultado de una ingente suma de esfuerzos. Más bien, de vergüenzas: las de todos los alcaldes que han pasado por Sevilla sin ser capaces de acabar con esta infamia. Pero hay que darles su sitio, estamos en deuda con ellos: los meteremos a todos en el primer convoy de inauguración. Desde aquí oiremos sus risas.

Daniel RuizDaniel RuizArticulista de OpiniónDaniel Ruiz