EL RECUADRO

VISIÓN CÍNICA DEL 4-D

Los balcones estaban colgados con la blanquiverde de Andalucía; ahora la que ondea es la bandera rojigualda de España

Antonio Burgos
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Si nadar contra corriente fuera modalidad olímpica, yo tendría por lo menos media docena de medallas de oro. Por eso no escribí ayer sobre los 40 años del 4-D, que era lo obligado e hizo todo el mundo. Me dije: «Que escriban sobre Andalucía los que ahora viven de ella, no los que, jugándonosla con «Andalucía, ¿Tercer Mundo?», creamos conciencia y orgullo de su grandeza durante la dictadura, que es cuando tenía mérito. Ahora cualquier mindundi del pesebre autonómico te enjareta una loa del 4-D que, vamos, ni el pasodoble «Un 4 de diciembre muere un malagueño» de la comparsa portuense «Raza Mora» (1978) con letra y música de Diego Caraballo». (Que, por cierto, cualquiera es el guapo que saca ahora una agrupación de Carnaval que se llame «Raza Mora»: lo tachan inmediatamente de racista, xenófobo, facha y nazi. Así que si ahora Antonio Rico Segura, «Pedro el de Los Majaras», sacara de nuevo su histórica agrupación, meses después del 4-D conmemorado, debería llamarla, cuanto menos «Etnia Magrebí».)

Los 40 años del 4-D se han celebrado mucho... en los medios de comunicación. Lo más contradictorio que he hallado de todo, o lo más realista, es que igual que aquel 4-D los balcones estaban todos colgados con la bandera blanquiverde de Andalucía, recién estrenada, ahora la que ondea es la rojigualda bandera de España. Aunque con el mismo fin, ¿eh? Si sacamos la blanca y verde para no ser menos que los catalanes, ahora sacamos la rojigualda para no tener que pagarles a los catalanes que se vayan de España y encima nos dejen una deuda de caballo, tras limpiarse en las cortinas de la Constitución y perpetrar un virtual golpe de Estado.

No creo que puedan acusarme de antiandaluz y centralista, porque si algo hice en 1977 fue ayudar a promover aquella manifestación, hasta el punto de que tuve el honor de que mi hijo Fernando fuera uno de los niños que portaban en la cabecera la bandera de Blas Infante. Así que cachondeítos y pruebas de sangre de mi andalucismo no les admito ni una. Pero cínicamente pienso ahora que por culpa de aquel 4-D tenemos formada la que hay en Cataluña, y los golpistas quieren proclamar su República Independiente e irse de España. Para nosotros en el 4-D el problema era que no queríamos ser menos que los catalanes; para los catalanes el problema sigue siendo que quieren continuar por encima del resto de España, ser más que nadie. No quieren tener la misma autonomía que Andalucía se ganó a pulso, la del 151, y por eso ahora piden más: la independencia. Cínicamente pienso que si nos hubiéramos conformado con el 143 todo lo más, y no nos hubiéramos echado a la calle el 4-D cuando nos pisaron el callo del orgullo andaluz, quizá los catalanes y los vascos se hubieran salido con la suya de la proyectada autonomía plena sólo para ellos, y nos hubiéramos ahorrado, por un lado, los 800 muertos de la ETA, y por el otro la ruptura de España y el golpe de Estado contra su Constitución de los independentistas catalanes.

Ah, y que no vengan ahora a apropiarse del espíritu del 4-D los que entonces fueron a la manifestación a la trágala, como el Partido Socialista, porque aún no le habían visto la punta al filón electoral que era tomar a Andalucía como cabeza de puente para echar a la UCD de Suárez y llegar a la Moncloa. Esto no lo veía el PSOE el 4-D, pero cuando el referéndum del 28-F, bien que aprovechó la oportunidad de levantar a Andalucía contra Suárez y la UCD para que González, ciertamente tibio en andaluucista materia, llegara triunfal a la Moncloa con mayoría absoluta; y para que aquí Escuredo le arrebatara a Rojas Marcos la bandera blanca y verde por el procedimiento del tirón. Fernando mi hijo, Isabel mi mujer y yo nos echamos ilusionados a la calle aquel 4-D con María de los Ángeles Infante. Ay, si hubiéramos sabido que en realidad estábamos ayudando a consolidar para siempre otro Régimen en Andalucía... Creo que esto de los 40 años y del Régimen les suena a algo, ¿no? Por eso creo que quien tenía razón entonces era el denostado Lauren Postigo: «Andaluz, este no es tu referéndum». Desde luego que no. Era el del PSOE, para perpetuarse en el poder en Andalucía.

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos