Veinte años más tarde

Cada año celebramos la memoria de Alberto y Ascen, sin rencor ni deseo de revancha, pero con la voluntad firme de que perdure su ejemplo

Álvaro Ybarra Pacheco
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Todavía hoy, veinte años más tarde, recuerdo cada instante de aquellos días de arrasada tristeza en los que ETA asesinó a Alberto y Ascen. No nos lo podíamos creer. Aquella noche insomne de vez en cuando nos sobresaltábamos al comprender que no se trataba de una pesadilla. Los dos cuerpos todavía calientes que yacían en la calle Don Remondo, a unos metros de su casa, acababan de ser identificados como los de Alberto Jiménez Becerril, concejal del Ayuntamiento de Sevilla, y de su mujer, Ascensión García Ortiz, procuradora de los tribunales. Dos servidores públicos asesinados a sangre fría por unos pistoleros de la banda terrorista que sembró España de muertos para acabar con la democracia. Dos personas jóvenes, padres de tres niños de corta edad, que pagaron con su vida la crueldad infinita de unos desalmados que ni siquiera hoy, veinte años más tarde, han mostrado el más mínimo gesto de arrepentimiento.

Por determinadas circunstancias, unidas al olfato periodístico y la profesionalidad de aquel equipo que capitaneaba el inolvidable Manolo Ramírez, ABC dio la noticia del horrible crimen de primeras horas de la madrugada, en exclusiva. Tan irracional era todo que desde ABC de Madrid no dejaron en toda la noche de llamar a Manolo para cerciorarse de que aquel asesinato tan bárbaro y tan sin sentido se había producido de verdad. Seguramente fue la exclusiva más dolorosa de la historia del periódico, la que nunca hubiéramos querido dar. Pero llegó la mañana y al contemplar por televisión a una multitud que en Sevilla y Madrid enarbolaba la portada con la foto de Alberto en grande a la vez que gritaba: ¡vascos, sí; ETA, no!, empezamos a comprender la magnitud de la tragedia.

Hoy son muchos los que, veinte años más tarde, apenas valoran la conmoción que supuso aquel episodio tan infinitamente triste e injusto. ETA ha dejado de matar tras ser derrotada por la sociedad española y por el Estado. Pero todavía celebra manifestaciones a través de su brazo político y celebra cada liberación de un terrorista preso por cumplimiento de condena como si fuera un héroe. Nosotros los sufrimos en nuestra propia gente y sabemos bien qué clase de canallas son. Por eso cada año celebramos la memoria de Alberto y Ascen, sin rencor ni deseo de revancha, pero con la voluntad firme de que perdure su ejemplo. Porque aunque les arrebataron la vida su memoria vive para siempre en nuestros recuerdos.

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