PÁSALO

Trolo Silva

Lo que pasa en la Universidad también ocurre fuera. En Sevilla. En la sociedad

Felix Machuca
SevillaActualizado:

No sería creíble subirse desde aquí al púlpito de Savonarola y comenzar a mandar universitarios al fuego depurador. Repito: no sería creíble. Pero somos proclives a ese impulso. Que como casi todos los impulsos inspirados por el deseo justiciero de hacer prevalecer lo limpio sobre lo gastado, tiende al exceso y lo mismo arrampla con justos que con pecadores. La Universidad, aunque a los más críticos se lo parezca, no es un enorme platillo volante posado sobre el cielo de la ciudad, repleto de extraterrestres que aspiran a conquistar, con su poder e influencias, los puntos neurálgicos de nuestra sociedad. Entre otras cosas porque la universidad, nuestras dos universidades, no son agentes externos, independientes de lo que pasa ahí afuera. Es, como otras instituciones sociales, parte del cuerpo que conforma, deforma y clama por su reforma, nuestro entorno más común. La Universidad es Sevilla. Como Sevilla es su Puerto, su Ayuntamiento, su Diputación y sus agentes sociales. Si queremos aplicarle la lupa a la Universidad lo estaremos haciendo, igualmente, sobre otras instituciones. Así que apartemos la yesca. Abandonemos la pira. E invitemos a Savonarola a que si tiene ganas de candela que acerque sus manos a una olla de castañas asadas.

Dentro de esos muros venerables, donde se alimenta lo fundamental de una sociedad, lo que la hará destacar o apaisarse, es el trabajo intelectual, la investigación de sus científicos, la sana competencia de sus miembros más brillantes y, por supuesto, la exigente formación de sus alumnos. Eso siempre da sus frutos. Esa apuesta, mucho más complicada de lo que puede parecer tras leer estas líneas, es lo que nos sacaría de la mediocridad y nos engrandecería como sociedad. ¿Por qué no se hace cuando en la ciudad hay, encima, dos universidades? ¿Por qué la más moderna se ha intoxicado tan rápidamente de los mismos virus que aquejan a la cinco veces centenaria? ¿Cuál es la razón por la que estos valores han sido sustituidos, obscenamente, por contravalores como la endogamia departamental, el enchufismo político, el clientelismo docente y la negación de la meritocracia en cualquiera de sus formas? Junto a estas rémoras evidentes, que no son, repito, exclusivamente universitarias sino compartidas por toda la sociedad sevillana, resisten como Numancia a Roma, muchos científicos y catedráticos de primera clase intelectual, capaces de sentirse vinculados a su trabajo docente y a su compromiso universitario, entendido este como la expresión más elevada y profesional de su código deontológico. Gaudeamus igitur. No es un latinajo. Es una actitud ante la vida y ante la sociedad, que tanto la necesitamos.

Como pasa ahí afuera, en los Ayuntamientos, en la Diputación, en los observatorios públicos, en la Sanidad, en la Junta de Andalucía, también en la Universidad hay revolucionarias maneras de acceder a un puesto de trabajo, al margen de los méritos, la valía e incluso con una titulación discutida y discutible al margen de la sospecha. De revolucionarias maneras, digo, ha tratado de regatear un viejo camarada de Izquierda Unida, amigo de Cuba y de las revoluciones calientes, su presencia a tiempo completo en las dos Universidades. En la Olavide, donde incluso nos ha deleitado con su profundo conocimiento del ejército cubano con motivo de los cincuenta años de la muerte del Che; y en la Hispalense. Ha sido detectado por el radar de la prensa y el scanner de su don de la ubicuidad, para poder compaginar dos trabajos exclusivos a tiempo completo en ambas instituciones. Como Lolo, «Trolo» Silva pudieran darse más casos. Como se han dado otros más donde se han regalado sexenios por su influencia política o se han dado títulos por la fuerza de la partitocracia. No es malo que exijamos depuraciones universitarias por estas cosas. Pero tampoco estaría de más pedirlas en los ayuntamientos, diputaciones y otras instituciones públicas, donde el mérito es el enchufe y la valía cabe en un carné de partido.

Felix MachucaFelix MachucaArticulista de OpiniónFelix Machuca