Todos supremacistas

Hay más supremacismo del que creemos. En el fondo, todos somos supremacistas de algo o por algo y con respecto a alguien

Antonio Burgos
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Aparte de hacer un daño irreparable y difícilmente restañable a la Unidad de la Patria (sí, he dicho «Patria», ¿passssa algo?), los separatistas catalanes también están produciendo un perjuicio importante a la lengua española. La que, como saben, no se puede usar como lengua vehicular en los colegios de allí, por más que los padres protesten y los tribunales les den la razón. A la cabeza de este daño está el nuevo presidente, salido del dedo de Puigdemont como en el techo de la Capilla Sixtina del Separatismo, y que tiene nombre de dictador de Corea del Norte, sólo que sin el niquelado a lo Sergio Ramos (pero en peor) que se pega el gachó de los misiles, que ahora está a papitos con Donald Trump. La carrera en pelo por la independencia que han montado estos señores que tienen el Premio de Salto de la Constitución ha puesto de moda una palabra nueva, que la oyes y la lees en todas partes, el sustantivo y el adjetivo: «supremacismo» y «supremacista». ¿Qué es un supremacista? Pues un señor catalán independentista que se cree más que nadie, que insulta al resto de los españoles y a la otra mitad que vive en su misma comunidad autónoma y no quieren separarse de la Patria común, y que nos desprecia a todos, empezando por los que más les están dando la cara y poniendo las peras al cuarto, que son Inés Arrimadas, Rivera y los de Ciudadanos.

Ni «supremacista» ni «supremacismo» vienen (todavía) en el Diccionario, es un neologismo advenedizo. Sólo viene «supremacía», que es «grado supremo en cualquier línea» o «preeminencia, superioridad jerárquica». Lo que, sin causa justificada, se sienten Kim Jong Torra y el resto de la partida de facinerosos incumplidores de las leyes españolas. ¿Y saben qué me recuerdan a mí estos señores? Pues como estamos en la Feria de San Isidro, a Luis Miguel Dominguín (o sea, al padre de Miguel Bosé) cuando al término de una faena triunfal levantó el dedo índice para proclamarse como el Número Uno del Toreo, él solo, por su cuenta. Yo, cuando en su supremacismo Kim Jong Torra levanta el índice a lo Dominguín para decir que allí manda él como marioneta oficial de Puigdemont, lo que me pide el cuerpo es levantarle el dedo corazón, para hacerle lo que por ahí llaman «una peineta» y aquí, «la peseta».

Pensándolo bien, hay más supremacismo del que creemos. En el fondo, todos somos supremacistas de algo o por algo y con respecto a alguien, y en la mayoría de los casos, sin causa justificada. No sólo en la Cataluña separatista, ¿eh?, sino aquí, en nuestra tierra. Está llena de supremacistas que no saben que lo son. Y voy a poner unos ejemplos, que usted, a modo de entretenimiento, puede alargar con sus amigos hasta el infinito.

Como estamos ya en El Rocío, los de la Hermandad Matriz se sienten supremacistas con respecto a los de Triana, y los de Triana con respecto a los de Sevilla, y los de Sevilla con respecto a los del Cerro, y así sucesivamente hasta acabar en la Hermandad de Bruselas. En los toros, los abonados del tendido 1 se sienten supremacistas con respecto a los del 7, y los de Sombra con respecto a los de Sol, y los de barrera con respecto a los de tendido. En la Semana Santa, los abonados de La Campana se sienten supremacistas con respecto a los que tienen sus sillas en la Avenida, y los de la Avenida, ni te cuento con relación a los de la Plaza Virgen de los Reyes. En la Feria, los de la caseta del Aero se creen supremacistas sobre los de Pineda, y los de Pineda sobre la caseta del Mercantil, y los del Mercantil sobre la caseta del Betis Tenis Club, y así sucesivamente hasta llegar a las casetas de distrito. La Centuria Macarena se siente supremacista, y con toda la razón del mundo, sobre los armaos chuchurríos del Santo Entierro. Y en las hermandades, ni te cuento: el supremacismo, por ejemplo, de las de Madrugada sobre las del Sábado Santo. Total, que aquí todo el mundo se cree supremacista de algo con respecto a alguien, aunque no sea ni catalán ni separatista, sino más español que la bandera izada en la Plaza de Colón de Madrid. Como que yo creo que hasta Las Supremas de Móstoles, si serán supremacistas (como su mismo nombre indica), que se creen más que Ainhoa Arteta...

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