PÁSALO

Teleñecos

Puigdemont quiere convertirse en un experto en solitarios

Felix Machuca
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Los mismos letrados del Parlamento catalán que dijeron que no era posible montar un referéndum a la remanguillé, ni aprobar una ley de transitoriedad por la cara A y la cara B y que tampoco era muy higiénica la declaración unilateral de independencia, son los que ahora acaban de decirle a ese hombre que anda fugado o escondido en Bruselas, cada día con más vocación de teleñeco, que no puede ser investido presidente del Parlamento catalán por televisión. Ni tan siquiera por TV3, tan devota de su señor y tan amante de los vividores del cuatro por ciento, que con gusto se ofreciera a producir y retransmitir el acto. No puede ser. Y lo que no puede ser además es imposible. Un debate de investidura no es ni puede ser un onanismo televisivo. Una retransmisión políticamente pornográfica de amor propio. Por muy buena mano que tenga Puigdemont en TV3, donde se las hacen como contaba don Camilo José Cela que se la hicieron a un cipote de Archidona. Don Camilo convirtió en héroe sexual a un anónimo ciudadano que precedió en fama, potencia y emulsión al negro del guasá. La insurrecta y delirante política independentista quiere hacer de Puigdemont un campeón de los solitarios, un juguete sexual autosuficiente. Y encima que lo veamos por la tele. Mal gusto, joé.

Un debate siempre exige la interlocución de varios interlocutores. Lo contrario es un soliloquio. Un hablar solo. Y un contestarse a sí mismo. Algo que no está exento de rozar el poste de la locura. Un debate de investidura, por muy revueltas que sean las siete esquinas de los argumentos independentistas, ha sido siempre una puesta en escena a lo dúo Pimpinela, donde el presidente investido y los portavoces de los grupos tratan de cantarse las cuarenta, con más o menos compás. Ya les digo: en modo Pimpinela. No acudir a ese debate te autoexcluye por definición. No puedes debatir si no estás en el debate. Con exposición de argumentos, desarrollo de los mismos y réplicas de los intervinientes. Es tan de cajón como que la leche es blanca y la gasolina inflamable. Otra cosa es que los sediciosos quieran forzar la maquinaria del lenguaje y convertir una simple cuestión filológica en un asunto de Derecho parlamentario. Para darle vuelta a las cosas son únicos. Fíjense la que liaron con el España nos roba. Y miren por dónde los ladrones eran ellos e iban a las oficinas de sus respectivos partidos políticos.

Porque esa es otra. Todos los insurrectos apoltronados en la tapicería roja del Parlamento catalán deberían pensar menos en la tele y más en los ladrones de verdad. Resulta que, al menos, en España no hay más chorizos que espetec en el Principado. Tras conocerse la sentencia del caso Palau, donde las élites políticas extractivas de Cataluña metieron las manos como si no hubiera un mañana, mirar en panorámica a ese Parlamento no deja de ser un ejercicio sorprendente. Para que hablen después de Andalucía, de Valencia o de Madrid. El paté de chorizo y la crema catalana han formado parte del menú gastronómico del Bulli…cioso alcantarillado político nacional. En otras autonomías hemos visto pasar por el banquillo a consejeros y expresidentes autonómicos. En Cataluña aún hay muchos de los cremosos porcentajes cobrados para la causa que se seguirán sentando en ese Parlamento que quiere presidir Puigdemont gracias a una retransmisión televisiva. Menos mal que existe Tabarnia. Y que Boadella esperpentizará teatralmente la idiotez de una banda que enriquecería por tres generaciones a las diferentes escuelas de siquiatría argentina. Catalonia no es España. Barcelona tampoco es la Cataluña que quieren inventarse estos teleñecos que, al frente de Puigdemont, quieren explicarnos ahora lo que es un debate de investidura.

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