LA ALBERCA

Sindiós en la ciudad

El rector de la Universidad confirmó en un discurso en el Paraninfo que Dios es sabiduría

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Vallas, farolas, retirada de veladores, bares cerrados. megafonía, cambios de itinerarios, tiempo de paso por la Carrera Oficial, destituciones de capataces... El diccionario de la Semana Santa de Sevilla remite en estos tiempos a todo lo que tiene que ver con la tramoya. Las sillas que se quitan de la calle Sierpes, el Martes Santo al revés, la banda que paga por tocar, los cursillos de seguridad en las hermandades, las elecciones impugnadas, el mejor altar de quinario... Todo lo que se discute ahora sobre el gran acontecimiento de la ciudad es lo superficial. No acuso a nadie. Yo mismo lo hago. Participo en debates sobre la reforma de la Madrugada o la batería de medidas que ha acordado el Ayuntamiento para garantizar la seguridad. Y a veces incluso me acaloro, supongo que por mero entretenimiento. Porque si no hablas de la nueva prohibición de vender agua para la calle, que es el último tema fuerte en los mostradores, te quedas fuera de la conversación. Hay que opinar sobre la decisión de la Macarena de no pasar por el Arco a la ida para ahorrarse 20 minutos de recorrido, o sobre los cruces de las hermandades en los días conflictivos. Y en esa deriva, te topas con un capítulo del «Palermasso» del actor Antonio Garrido y te das cuenta de que estos chascarrillos, que son extraordinarios porque además de ingenio tienen gracia, son mucho más serios que la mayoría de los sabiondos que van por ahí repartiendo carnés de pureza cofrade.

La Semana Santa se ha ensimismado tanto en su maquinaria interna que a veces contradice el ensueño de Romero Murube. ¿Cuándo hablamos aquí de Dios? El rector de la Universidad, Miguel Ángel Castro, pronunció un discurso durante el pregón universitario el pasado martes que tendría que proyectarse en los ambigús de todas las hermandades. Dijo Castro que la institución académica más antigua de Sevilla fue fundada por el canónigo Maese Rodrigo Fernández de Santaella y que, aunque la Educación Pública ha de tener carácter aconfesional, la Hispalense no puede ponerse de espaldas a su historia. Y en este contexto, el rector, que ha ido 18 años de su vida debajo de la Zancada del Cisquero racheando sus penitencias, aclaró que la restauración del Cristo de la Buena Muerte de los Estudiantes, que es propiedad de la Universidad, se hará conforme a las decisiones que tome la Hermandad por dos razones: porque los miembros de esta corporación son los «ángeles custodios» —es literal— que han conservado la talla sublime de Juan de Mesa y porque ese cristo no es sólo una pieza artística que hay que tratar siguiendo estrictamente las normas patrimoniales, sino una obra devocional.

Las palabras de Castro me emocionaron. En una coyuntura tan relativista como la actual, en la que los propios actores de la Semana Santa caemos en la trampa de la frivolidad, que el máximo responsable del templo del saber proclame la evidencia es un alivio. Porque es obvio que el sindiós del espectáculo cofrade es simple ignorancia. Y que a Dios se llega por el conocimiento.