LA TRIBU

Sin averías

Lo importante es que a ti, niño, y a ti, niña, jamás se os averíe la infancia

Antonio García Barbeito
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No sé si los Reyes te han dejado un ordenador o un balón, un caballo de madera o un tren eléctrico; no sé si te han dejado una muñeca que anda, llora, canta y ríe; o si te han dejado una casa de muñecas, o una cocinita, o una Tablet, o unos vestiditos. No lo sé. Tampoco sé si estarás disfrutando lo que te trajeron o llorando lo que no te trajeron. Es posible que compartas tus juguetes con tus hermanos y amiguitos, o bien prefieras quedarte en soledad con lo que ya has escriturado a nombre de tu infranqueable cuarto. No lo sé. La mañana de ayer fue tan amplia para muchos de vosotros, y —no lo olvides— tan escasa, tan cicatera, para otros niños, que no sé qué pasaría en ese inmenso mundo pequeño de la mañana de Reyes.

Es posible que el balón, en un voleón, callera a un solar tapiado y deshabitado, y es posible que allí acabe despellejándose, desinflándose. Y es posible que el tren eléctrico viniera con una avería de fábrica: una rueda frenada, una mala alineación de un tramo de vía, un mal contacto eléctrico… O, quién sabe, a lo mejor a tu casa de muñecas no se le encienden las luces, o no le suena la música que tendría que sonar… No sé qué habrá pasado en el inmenso mundo infantil de la mañana de Reyes. Sois los reyes de los Reyes, la luz de la mañana, su travesura, su inocencia. Y también, en parte, su tristeza, porque sabéis que hay niños que rebuscarán en las cajas de cartón que se amontonan junto a los contenedores de basura, a ver si dentro de alguna caja se quedó, sin sacar, un juguete. O inventarán juegos con las cajas vacías, que la infancia es capaz de todo, y mucho más si tiene necesidad, escasez. No sé si en el camión de bomberos falla la sirena; o si el juego de magia te llegó sin alguna pieza clave; no sé si la pistola de sheriff no cierra bien, si el carrito de bebé va bien o se le mueve una rueda… No lo sé. La mañana de ayer, y la de este domingo que sigue siendo paisaje de Reyes de la infancia, tiene de todo: asombros, risas, llantos, enfados, alegrías compartidas, dudas ante algunos juguetes con los que el niño no sabe jugar todavía… De todo. Se gastarán pronto algunas pilas, fallarán algunos mecanismos, dejará de llorar la muñeca que lloraba —¡incluso con lágrimas!— y el tren eléctrico descarrilara siempre que llegue al puente. Mañanas de averías, de fallos de fábrica o de mal uso, o un golpe, un mal ajuste… Eso no importa. Hay más juguetes. Lo importante es que a ti, niño, y a ti, niña, jamás se os averíe la infancia. Conservadla intacta —y que la fortuna la cuide— hasta que la veáis cómo un día, inevitablemente, se os irá de las manos.

antoniogbarbeito@gmail.com

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