LA TRIBU

Sin fe

Todo por el poder, unospor no perderlo, otros por recuperarlo y otros por lograrlo de una vez

Antonio García Barbeito
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Hay muchos brazos empujándonos al nihilismo, al hartazgo, a la fatiguita diaria de unos y otros. Digo brazos y digo voces, digo gente de la política. En una de sus geniales viñetas, un personaje del inmortal Forges le decía a otro que tenía la tele apagada, y respondía el dueño del televisor: «Es que si la enciendo, salen.» Ahí está el peligro. Encender la tele es abrir una ventana por donde se nos cuelan el ciento y la madre, unos hablando en catalán, otros tratando de explicarse en español y todos tratando de salpicar a alguien, insultarlo, descalificarlo o pedir su cabeza. Un horror. Enciendo la tele por la mañana y parece el informativo del día anterior con los personajes ocupando un sitio distinto en la escena. Qué fatiguitas, Dios mío; qué jartura.

Sin fe anda uno, que ya me dirán cómo la consigue, en este gallinero patrio donde nunca sabes bien de quién es la gallina blanca, de quien la colorada, donde pica el pollo, porque los ves un día comiendo en el mismo comedero y al día siguiente están picoteándose hasta hacerse sangre, y lo que parecía una paz de plumas con disfrute de pisar, se convierte en un reñidero de gallos ingleses donde las prótesis de espolones canallas buscan sacarles los ojos al de al lado. Oye usted a Sánchez y el discurso que tiene hoy no tiene nada que ver con el que tenía hace unos meses; oye usted a los populares defendiendo a uno de los suyos y se acuerda de cómo acabó la cosa cuando defendieron a otros; oye usted a los de Ciudadanos y no sabe nadie si son de los que chutan para allá o para acá; y ya se pone a oír a los de Podemos y no sabe si esto es España o un circo de demagogos. Todo por el poder, unos por no perderlo, otros por recuperarlo y otros por lograrlo de una vez. La letra de la soleá se nos viene a la boca, cuando pensamos en qué hacer, pero en este caso, ya quisiéramos poder elegir entre las dos hermosas opciones de la copla: «Dónde caerá lo cierto: / Belmonte torea en Jerez / y Joselito en El Puerto.» Entre los políticos no hay ningún Juan ni ningún José. Anda uno aquí, con buena fe, tratando de encontrar una voz convincente, un discurso sólido, una palabra que ilusione, y no halla más que insultos de aquí para allá y de allá para acá. Una pena. Padecemos la más baja talla política que hemos conocido en muchísimos años. Y eso es lo que hay, y lo malo es que, por lo que columbramos, lo que viene no mejorará mucho lo que hay. Y nos piden fe en ellos, y sabemos que mañana, si lo precisan, volveremos a verlos en el mismo comedero, como si tal cosa. Como para tener fe. Yo creo que en ellos ya no creen ni ellos mismos.

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