PUNTADAS SIN HILO

La rabona oficial

El manual del escaqueo de la Junta justificaría un debate político... si los diputados no estuvieran de vacaciones

Manuel Contreras
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Lo que ha hecho la Junta de Andalucía para solucionar el cul de sac en el que se había metido con su apuesta ilegal de las 35 horas es ni más ni menos que oficializar la rabona. Desconozco si el término sigue vigente, pero en mi época escolar al escaqueo de las clases se le denominaba hacer rabona, y no era práctica infrecuente en los alumnos más chulillos. Yo la hice alguna vez porque la rabona proporcionaba cierta aureola rebelde, pero cuando comprobé que mi éxito entre las niñas de la clase seguía siendo igual de discreto opté por centrarme al menos en intentar aprobar el curso. La rabona era punible, propia de chicos malos y flojeras, y la autoridad competente se esmeraba en hacernos ver que con el escaqueo no llegaríamos a ningún lado en la vida.

La Junta de Susana Díaz, sin embargo, apuesta ahora por institucionalizar la rabona para mantener un ridículo pulso con el Gobierno del PP, al que pretende presentar como el aguafiestas que hace trabajar dos horas y media más semanales a los funcionarios andaluces. Como los tribunales han dado la razón al Ejecutivo de Rajoy —algo previsible, dados los antecedentes de las 35 horas otras comunidades—, la Junta ha publicado un catálogo de trabajo no presencial computable como jornada laboral que viene a ser un manual del escaqueo, unas instrucciones sobre cómo justificar una rabona de dos horas y media. Con la propia administración andaluza repartiendo coartadas para eludir el curro, los profesores de hoy en día deben tener complicado difundir entre los chavales el argumento de que el camino para convertirse en personas de provecho pasa por el esfuerzo y el trabajo duro.

El manual del escaqueo de la Junta justificaría un debate político... si los diputados andaluces no alargasen sus vacaciones de Navidad hasta el mes de febrero. Pero sus señorías también apostaron hace tiempo por la rabona oficial, declarando inhábil enero, quizás para recuperarse del esfuerzo que supone la aprobación de los presupuestos en diciembre, un par de plenos que exigen apretar el botón de voto en repetidas ocasiones. Mes inhábil para trabajar, que no para cobrar, ya que sus generosos emolumentos no se ven mermados en el dilatado el paréntesis laboral.

Así, no es de extrañar que al director general de Tráfico le hayan montado una crisis de padre y señor mío porque la nevada del pasado fin de semana le sorprendió en Sevilla. Si llega a estar en Barcelona o Bilbao la cosa no hubiese pasado de una discreta polémica, pero Gregorio Serrano estaba en Andalucía, en Sevilla, con lo que media España da por hecho que estaría haciendo cualquier cosa menos trabajar. No se conoce con detalle la jornada que vivió el director general, pero se concluye que estaba haciendo rabona mientras los coches se quedaban atrapados en la nieve. Da rabia el prejuicio de los compatriotas sobre nuestra aversión al trabajo, pero mucha más que los propios dirigentes andaluces la alimenten.

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