LA ALBERCA

El quite de Robles

Presentará a Ildefonso Falcones en el pregón taurino con una tanda faraónica y su media

Alberto García Reyes
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Pregonar los toros en Sevilla es como hablar de Dios en el Vaticano. Por eso los maestrantes eligen siempre con mucho tacto a quien va a anunciar la Fiesta cada año: porque, más allá de los gustos personales de cada cual, ese atril es la ventana de los apartamentos papales de la tauromaquia. No está abierta sólo para los que creen, sino, sobre todo, para los distantes, los agnósticos y los enemigos. Por eso hay que celebrar que el próximo Domingo de Resurrección se asome a ese alféizar Ildefonso Falcones. Un escritor eximio de Barcelona, donde los toros están prohibidos. El último evento que se ha celebrado en aquel coso que la alcaldesa Colau quiere convertir en un «espacio deportivo y de respeto a los animales» es una concentración de «food trucks». Ignoro si alguna de estas camionetas de comida ambulante ponía cola de toro o lomo alto de novillo. Lo que sí sé es que el populismo le echa pienso compuesto a los borregos. Y que en Cataluña se ha producido un proceso de selección ideológica que ha descartado a quienes no comen de la mano del poder. Ha apartado a muchos de sus mejores estandartes: de Serrat a Eduardo Mendoza, de Isabel Coixet a Falcones, autor, por cierto, de una de las novelas más importantes que se han ambientado en Barcelona jamás, «La catedral del mar». Que la Maestranza le haya dado ese atril es, por tanto, un triunfo anticipado: la palabra es para un maestro de la literatura que defiende la Fiesta en territorio hostil. Pero aún hay otro dato crucial en la designación que no debe pasar desapercibido: lo va a presentar Paco Robles.

Sevilla es una ciudad que, de tanto mirarse en el espejo, ha dejado de verse. Tiene irritación de ombligo. Giralditis. No sabe ya distinguir la canela del clavo y a veces se permite errores que en cualquier otro lugar serían imperdonables. Sé que lo que voy a escribir ahora no va a gustarle a Robles, pero como no tengo que justificarme con él porque lo quiero de verdad, voy a llegar hasta el final. Sevilla le debe un atril. Y él le debe a Sevilla un chaqué. Esta ciudad ha escogido para sus grandes oraciones a poetas de la talla de Joaquín Romero Murube, Pemán, Montero Galvache, Joaquín Caro Romero, Burgos o Murciano. Pero también ha consentido que se hayan ido sin hacer el paseíllo genios de nuestras letras como Rafael Montesinos, Juan Sierra, Rafael Laffón o Adriano del Valle, por no hablar de autores vivos como Manuel Mantero. Por eso no puede permitirse más equivocaciones. A Paco Robles lo ha llamado una institución que está a punto de cumplir 350 años para desempeñar el papel que antes le dio a Muñoz Rojas, el marqués de Tamarón, Gonzalo Anes, Eduardo Ybarra, Enrique Múgica, Manuel Olivencia, José Rodríguez de la Borbolla, Carlos Herrera, Ignacio Camacho, Soledad Becerril o Eduardo Serra. Ese atril es una de las mejores cribas de esta tierra. Allí veremos a un coloso haciéndole el quite a otro coloso con una tanda faraónica y su media. Pero yo voy a ir echando en la alcancía todo lo que tengo para que, algún día, pueda pagar lo que vale ver a Robles poniendo bocabajo la Maestranza. Con servidor de capitalista.

Alberto García ReyesAlberto García ReyesArticulista de OpiniónAlberto García Reyes