Qué problemazo

Por lo visto el principal problema que tiene Sevilla es que Queipo está enterrado en la Macarena

Antonio Burgos
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La lista de empresas sevillanas que cerró la crisis, de las que informaba el otro día María Jesús Pereira, me ha hecho evocar la lápida de los caídos en la recesión. Ya casi no queda quien pueda recordar la Cruz de los Caídos que había en cada pueblo, adosada a los muros de la iglesia. Menos en Sevilla capital, donde el Cardenal Segura no dejó que la dictadura, a diferencia de tantas ciudades, pusiera la Cruz de los Caídos en los muros de la Catedral. Por lo que tuvieron que colocarla en los del Alcázar, ¿será por muros? No la iban a poner en el Muro de los Navarros. La alzaron junto a la Puerta del León, en la muralla ante la que ahora hacen cola los turistas tras los macetones a prueba de yijadistas.

Con la llegada de la democracia, me parece recordar que fue el propio Gobierno de Suárez, nada sospechoso de revanchismo, el que mandó quitar las Cruces de los Caídos, en el espíritu de concordia y reconciliación entre las dos Españas. Hasta que vino el malvado Zapatero, resucitador de odios, abridor El Explorador de heridas ya cerradas y formó con la Memoria Histórica lo que con tanta saña de revanchismo se viene ahora aplicando. Verbigracia: a los que no creen en Dios y mucho menos que la Esperanza es su Madre, y que no ponen un pie en una iglesia, ¿qué más les da que en la Basílica de la Macarena esté enterrado Queipo de Llano o no lo esté? Ni a los muertos dejan tranquilos. Aquí, en cuanto te descuidas, te pegan un cadaverazo revanchista que te avían. Nada, por lo visto el principal problema que tiene Sevilla es que Queipo de Llano está enterrado en la Macarena. Punto en el que suscribo y hago mía la Carta al Director de ABC que el pasado martes publicaba el teniente general don Gonzalo Rodríguez de Austria Rosales, antiguo Jefe del Cuarto Militar del Rey, su viejo compañero de armas, ya que este ilustre soldado de España fue el número 1 de la XIV promoción de la Academia General Militar, de la que forma parte Don Juan Carlos. Tan hago mía y suscribo la carta del muy monárquico y constitucional general Rodriguez de Austria que, ¡moño!, la voy a copiar aquí enterita, como si la hubiera escrito yo, por si no la leyeron. Decía así la genial y valerosa (tal como están las cosas) carta de mi admirado Don Gonzalo: «Leí en el ABC del pasado 12 de enero que el alcalde Espadas pide una reunión con el Arzobispado y la Hermandad de la Macarena «para mover los restos de Queipo de Llano de la basílica». Cuando uno va siendo mayor pierde la memoria, no la histórica, sino la personal. Por eso me gustaría que alguien conteste esta pregunta: ¿No fue el general Queipo el que impidió que a la Macarena la quemaran los «rojos» (utilizando la terminología de la época)?».

Con la venia de vuecencia, mi general, este cabo de la Brigada Topográfica (en la reserva) se atreve a contestar su pregunta. Impedir, impedir, lo que se dice impedir, quien impidió que quemaran a la Esperanza cuando ardió San Gil no fue Queipo, sino la limpiadora de la parroquia, que se llevó a la Virgen y la ocultó en la sala y alcoba del corral donde vivía y la acostó en su propia cama, como si fuera una Muchacha, durmiendo ella en el suelo. Venid, novelistas, venid a narrar la escena: la limpiadora de San Gil durmiendo en el suelo en un corral de vecinos y en su cama, más Humana que nunca, la Divina Muchacha que cada abril vuelve a cumplir 18 años. Luego ya vino la historia del cajón donde La metieron y de la furgoneta en la que La llevaron hasta la calle Orfila, para salvarla. Antes que San Gil ardiera. Porque la iglesia de San Gil, claro, tenía la instalación eléctrica en muy malas condiciones, y con las calores del 18 de julio de 1936, salió ardiendo a causa de unos cables pelados que produjeron un cortocircuito. ¿Este es el principal problema que tiene Sevilla, señor alcalde, lo de Queipo en la Macarena, a estas alturas de curso y con la guerra ya tan lejos, y con la economía saliendo con tantas fatiguitas de la crisis, y con este paro, y con estos muchachos sin encontrar empleo, y con esta inflación turística que no deja los beneficios que los empresarios esperan, y...?

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos