PUNTADAS SIN HILO

Pringaos

Se les llena la boca al hablar de la generación mejor preparada de la historia, pero ejemplifican que estudiar es de «pringaos»

Manuel Contreras
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La política es sin duda la profesión que presenta más desequilibrio en la ecuación formación/sueldo. La lógica indica que aquellas profesiones que requieren mayor esfuerzo de preparación deben ser las mejor pagadas y viceversa, pero la política altera este orden y se brinda como un atajo para obtener una retribución considerable con unos modestos requisitos formativos. Es poco habitual encontrar en parlamentos o ayuntamientos cargos electos cuya vocación política les haga perder dinero: la mayoría de diputados o concejales difícilmente encontrarían en su profesión la nómina que reciben del erario público. La figura del profesional cualificado que renuncia a un trabajo reconocido y bien remunerado por su entrega al servicio público es cada vez más un rara avis. Por el contrario, prolifera el perfil del político profesional, ese dirigente que entró en las formaciones juveniles del partido y que ha ido escalando en la jerarquía interna sin haber trabajado nunca fuera de la órbita de su organización.

Para maquillar este desequilibrio recurren a un atrezzo académico al que muchas veces acceden, al igual que a su sueldo, por un atajo que elude el esfuerzo. La práctica es transversal y no se circunscribe a una ideología concreta. El PP está viviendo su particular calvario con Cristina Cifuentes, pero ya conocimos antes que Errejón no pisó la Universidad de Málaga y que gran parte de la tesis de Pedro Sánchez se redactó en el Ministerio de Industria de Miguel Sebastián. Por remitirnos al ámbito local, me constan las presiones a los profesores de un exconcejal de Monteseirín de Sevilla para aprobar la carrera de Derecho pese a su más que discreto nivel académico. Al final vamos a tener que alabar los diez años que tardó nuestra presidenta en licenciarse: al menos demuestran que no es una tramposa.

Lo peor de las argucias de estos políticos que buscan títulos a precio de saldo no es la constatación de su perfil fullero, sino el mensaje que transmiten a la sociedad. En sus intervenciones públicas hablan de la generación mejor preparada de la historia y promueven la cultura de la preparación y el esfuerzo, pero el ejemplo que transmiten es que estudiar es de pringaos. Estos pícaros no han necesitado ser ingenieros para ganar cinco mil euros al mes y no han tenido que partirse el lomo estudiando para maquillar su currículum con varios másters. Se creen más listos que nadie y están orgullosos de manejar las claves para acceder a los atajos que conducen al éxito sin sudor. Desprecian el conocimiento y reivindican la astucia, el artificio, la truhanería. No necesitan masters porque ellos mismos se consideran masters del universo, pero si hay que acumular un par de ellos saben cómo lograrlo sin recorrer el tortuoso sendero que la sociedad dispone para los pringaos. Lo malo es que a veces, sólo a veces, canta la gallina y se quedan sin argumentos ante una evidencia. Y entonces se ve dónde está de verdad toda la pringue.

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