TRAMPANTOJOS

Olvidos de Santiponce

Itálica permanece cerrada por «Juego de tronos» y de la restauración total del monasterio nada se sabe

Eva Díaz Pérez
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Un lugar en el que es posible viajar desde los tiempos de las legiones romanas, que asombra con mosaicos y mármoles de época adriana, que muestra la belleza de unos frescos medievales, atraviesa historias del más brillante humanismo del XVI, desprende el aroma barroco de Martínez Montañés y llega así con huidiza elegancia hasta las ruinas del XIX. ¿Cuántas vitrinas de museo resume Santiponce?

Santiponce está ahora secuestrado. O, al menos, el conjunto arqueológico de Itálica. Hasta finales de mayo la ciudad romana no se puede visitar porque está disfrazada de escenario. Sí, el lugar que busca la dignidad de ser candidata a patrimonio de la humanidad tiene que conformarse con ser un fingido Pozo del Dragón de la popularísima serie «Juegos de tronos». La Junta, que gestiona el monumento, considera que es mejor ser un impostado fondo en una serie de fantasía medieval que las exquisitas ruinas de una gran ciudad romana. Y que merece más respecto un espectador que un visitante cultural. ¿Publicidad mundial? ¿Proyección internacional? Permítanme que sospeche de esos supuestos beneficios y de los viajeros que vendrán buscando un artificio de película y no las huellas de la Hispania romana.

Pensando en esto, llegué al jardín de los naranjos del monasterio de San Isidoro del Campo donde se celebra la Feria del Libro. Me invitaron a firmar ejemplares de la novela que dediqué hace muchos años al episodio protestante surgido entre aquellos muros y que dio como resultado la edición de la «Biblia del Oso», la primera traducción al castellano de los libros sagrados.

Sin embargo, sobre este prodigioso monasterio pesa también la losa de la desidia, del olvido y el mal gobierno. Ya lo han denunciado los guías turísticos que se encuentran a veces con las puertas cerradas porque sólo una persona se ocupa de abrir la puerta, guiar, controlar y mantener el recinto.

La Junta pretende abandonar la gestión alegando que el convenio con la Fundación Casa Álvarez de Toledo, propietaria de parte del cenobio, está obsoleto. Más allá de las razones jurídicas, sería un error que dejara esta joya patrimonial rehabilitada sólo en la mitad de su superficie que es la que se visita. Porque ¿qué ocurre con el resto del monasterio que además es de titularidad pública? Se trata del claustro grande, la torre barroca, las caballerizas y la almazara. Una vez visité el claustro que permanece casi derrumbado y lleno de malezas. ¿Habrá que esperar que una serie de éxito se encapriche de estas ruinas para que se atienda al patrimonio olvidado? Santiponce no lo merece.

Eva Díaz PérezEva Díaz PérezArticulista de OpiniónEva Díaz Pérez