COMENTARIOS REALES

Mujeres asesinadas

¿Por qué la cruzada mundial contra el tabaco ha sido más eficaz que todas las campañas contra la violencia machista?

Fernando Iwasaki
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El asesinato de tres mujeres fue el triste colofón del 2017, pues entre la Nochebuena y el Día de los Inocentes fueron asesinadas Andrea Carballo (20 años) en Benicàssim, Kenya Álvarez (30 años) en Sant Adrià del Bessòs y Arancha N.N. (37 años) en Azuqueca de Henares. Sin embargo, la traca del 2017 fue el hallazgo del cadáver de Diana Quer (18 años), asesinada y probablemente violada por una alimaña que contaba con varias denuncias por agresiones sexuales.

Que en un país europeo como España hayan muerto asesinadas 48 mujeres en un solo año es una vergüenza, porque la violencia machista es una lacra endémica más propia de países atrasados y tercermundistas. Lo digo adolorido y horrorizado por las cifras de la violencia machista de mi país, pues el Perú es el quinto país del mundo con mayor índice de asesinatos y violencia de género, sólo por debajo de cuatro países africanos. Así, en el Perú cada mes muere asesinada una media de 10 mujeres, cada año se denuncian más de 165 mil agresiones y se considera que el 70% de las mujeres peruanas ha sido alguna vez víctima de una agresión machista. Sin embargo, no hay que confundir la magnitud con la jerarquía, pues un menor número de asesinatos no supone ni progreso ni desarrollo. Todo lo contrario: la más mínima presencia de agresiones, asesinatos y violaciones supone barbarie y tercermundismo.

Países europeos como Francia también presentan cifras bochornosas. A saber, 122 mujeres asesinadas en 2015, 123 en 2016 y más de cien en 2017. Alemania tampoco se queda atrás, con 331 mujeres asesinadas en 2015, 149 en 2016 y más de cien en 2017. Ni siquiera la «admiradísima» Finlandia se libra de semejante lacra, porque en 2016 fallecieron 32 mujeres asesinadas por sus parejas. Y no viene al caso camuflar los datos con las proporciones por millones de habitantes, porque ya dije que la magnitud no supone ninguna jerarquía. Más bien, pretendo sugerir que el problema es esencialmente masculino —de nosotros, los hombres— porque la obsesión/posesión sexual como detonante de la violencia es intrínsecamente masculina. Por lo tanto, en este aspecto no encuentro ninguna diferencia jerárquica entre europeos, africanos, asiáticos y americanos: todos podemos ser igual de bárbaros, primitivos y canallas.

Mi idea es que la violencia de genero no es un problema nacional que deba combatirse aislado en cada país, sino que se trata de una tragedia global. ¿Cómo es posible que la cruzada contra el tabaco haya sido más eficaz que todas las campañas contra la violencia machista? El gran propósito del 2018 y de los años venideros debería ser la erradicación de los asesinatos de mujeres, como si combatiéramos una plaga, una peste o una epidemia.

www.fernandoiwasaki.com

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