EL RECUADRO

Miedo me da

Entre unos y otros han conseguido convertir el ver las cofradías en un deporte de riesgo. Sobre todo, la Madrugada

Antonio Burgos
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Como es Lunes de Carnaval, yo tendría hoy que escribir... ¿De Cádiz? No, hombre, que no quiero ser jartible. Como es Lunes de Carnaval, yo tendría hoy que escribir del más secreto baile de los seises de todo su ciclo litúrgico y de sus tres oraciones en forma de contradanzas a lo largo del año: de los cultos al Santísimo en el llamado siempre Triduo de Carnaval, como desagravio a las ofensas a Dios y a la Religión en las Carnestolendas, triduo al que ahora le han puesto ese mote cursi-eclesial de «Preparación de la Cuaresma»; pero, vamos, que son los seises del Triduo de Carnaval de toda la vida. Así que si no tienen nada más importante que hacer (que no creo), los quiero ver esta tarde a las cinco y media delante del coro y ante el altar mayor de la Catedral, para rendir culto a Su Divina Majestad y admirar el patrimonio emocional del baile de los seises, de rojo Corpus. Suele haber poquísima gente.

Pero como este Miércoles próximo es ya el de Ceniza y está colgada en la Puerta Carmona la pancarta de los capirotes y esto ya está aquí, aunque no hayan aportado nuestras cigüeñas artilleras por su chimenea de la calle Dos de Mayo, yo tengo que escribir de las sensaciones ante la Semana Santa, después de leer las 4 páginas, 4, que Alberto García Reyes escribía ayer en el ABC. De escalofrío. Pero no escalofrío de emoción como cuando Alberto baja las manos y se pone a escribir en verso disfrazado de prosa sobre el Señor de la Salud de los Gitanos: escalofrío de miedo, de canguelo, de jindama, de pánico cuando leo que entre el Ayuntamiento, el Cecop, la Policía y el Consejo de Cofradías han elaborado un plan de seguridad para la Semana Santa que, vamos, ni el tocho que tenía el general Eisenhower en Londres para planificar el desembarco en Normandía. Leo las 15 reformas, 15 que tendrá a efectos de seguridad la Semana Santa de 2018 y miedo me da. Bares cerrados con Ley Seca en la Madrugada, lo que evidentemente aumentará las micciones por los rincones y zaguanes. Luces controladas a distancia por la Policía, para que la oscuridad de la devoción de, un poner, el paso del Silencio quede en un momento rota, que ya se sabe que en Semana Santa la oscuridad también le reza a los Cristos y a la Vírgenes, y los despide diciéndoles: «Hasta el año que viene si Tú quieres», como le deseaba cada año el maestro fotógrafo Luis Arenas Ladislao al Cristo de la Expiración cuando con Manolo Díez Crespo lo veíamos al atardecer del Viernes en el puente de Triana.

Sigo leyendo el informe de García Reyes, y cada vez me va entrando más canguelo: cámaras de videovigilancia, como si la bulla fuera la ventanilla de un banco; relevos de cuadrillas prohibidos dentro de la carrera oficial; pasos controlados por GPS, que digo yo que entenderán lo de «izquierda alante» y «derecha atrás»; altavoces para dar avisos de urgencia al personal aterrado; cursillos de seguridad a las hermandades, como si los diputados de tramo fueran vigilantes del Carrefour; 200 vallas antivandálicas, 200, que digo yo que, a su vez, son en muchas ocasiones la peor ratonera, más que esa carrera oficial de la que quitan 227 sillas de las salidas de emergencia, que suena a avión más que a Semana Santa.

Lo he escuchacho ya a más de dos sevillanos y a más de tres, y me da miedo que tantos tengan tanto miedo:

—Yo es que este año no pienso salir para ver las de Madrugada. Y menos con los niños. Entre las carreritas del 2000 y las estampidas del 2017, han conseguido cargarse la Madrugada con mucho cuidadito. Así o la veo por televisión, o salgo ya el Viernes por la mañana, con luz, para ver a las tres de capa antes de que entren.

Entre unos y otros han conseguido convertir el ver las cofradías en un deporte de riesgo que da miedo. Sobre todo, la Madrugada. Porque no quiero ni pensar que todo esto lo haya organizado mi querido Víctor García Rayo para tener más audiencia cuando dé las cofradías en directo por la tele. Que, tal como está la cosa de canguelo y de jindama, es donde más gente las va a ver, incluido el Santo Martes que veremos a ver cómo les sale...

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos