LA TRIBU

Memento

Ya me dirás cómo has pasado este Miércoles de Ceniza que la cuaresma tiene en aparcería con Cupido

Antonio García Barbeito
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Un lío, como me dices: hoy, tú, tan cumplido con todo, tan de aquí y tan de allí, tan entre lo sagrado y lo pagano, tan contradictorio, tan de un extremo y tan de otro —aunque creas que no te mueves del centro—, no sabrás qué hacer, si ir a la iglesia a que te impongan la cruz de ceniza o irte a El Corte Inglés a comprar un urgente regalo por San Valentín. Es posible que hagas lo que otras veces, estar en misa y repicando, esa habilidad tuya para improvisar la ubicuidad, algo tan de tu ciudad. No, no es posible, es seguro: harás las dos cosas, y te verán por la sección de perfumería y te verán en la fila donde la cuaresma aguarda para improvisar su cruz, donde notarás que de repente / el tiempo se te eterniza / en una cruz de ceniza / en el centro de la frente… Memento.

Memento, sí. Dirás que vaya coincidencia más inoportuna, esta de que el Miércoles de Ceniza sea el Día de San Valentín, y que no puedas explayarte, en exclusiva, con el querube de la aljaba y las flechas o el pulgar del cura, y vas entre el «Memento, homo quia pulvis…» y el «Más que ayer pero menos que mañana», entre el ayuno y abstinencia y la comida preparada en un buen restaurante, tras haberle dado a tu muchacha el ramo de flores sin olor… Como si pasearas de la mano de Mircea Eliade, te moverás entre dos hierofanías, la cruz de ceniza del comienzo de la cuaresma y la figura de Cupido, y quizá hagas como el viejo arriero que cuando alguien, tras oírlo estornudar, le decía «¡Jesús!», contestaba: «Sin pecado concebida…» Será sagrada para ti la figurita traviesa que fue dios para los griegos, y seguirá siendo sagrada para ti, como lo es desde la primera vez que te signaron con ella, la cruz del Miércoles de Ceniza. No sabes si creer es amar, pero tienes claro que amar es creer, y por eso no sería nada extraño que supieras colocar las dos velas que se te ofrecen en este día en el que no sabes si hacer la señal de la flecha o clavarte la cruz, si decirte a ti mismo un «memento…» que te recuerde que vienes del polvo y en polvo habrás de convertirte, o un «memento…» por el que caigas en la cuenta de que hoy, como mínimo, tienes que comprar flores, y si te da tiempo, un regalito más bien envuelto que caro. Crees —o eso dices—, y no te importa confesarlo; amas —o eso crees—, y el pregón es otro, como si el amor de amar fuese inferior al amor de creer. Ya me dirás cómo has pasado este Miércoles de Ceniza que la cuaresma tiene en aparcería con Cupido. Ya me contarás de tu día entre la ceniza y las flechas. Por si acaso, te dejo un «memento» de don Antonio Machado: «Un corazón solitario / no es un corazón.»

antoniogbarbeito@gmail.com

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