Mi meditación (nada budista)

Vale la meditación, ¿pero por qué budista, fuera de nuestra cultura? ¿Por qué no los ejercicios espirituales de San Ignacio?

Antonio Burgos
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Pues nada, doña Susana Díaz, si para ganarse las habichuelas y el pan de los niños y pagar la hipoteca del piso hay que hacer meditación budista, se hace. ¿Será por meditación budista? ¿Será por buscarse un pretexto para las dos horas y media de escaqueo que completen las 37,5 semanales de los funcionarios? Lo importante es que la Función Pública funcione con satisfacción y sin mosqueo con las normas de la Junta, que luego las malas pulgas de los problemas laborales las pagan con nosotros los pagaches administrados, cuando vamos a que nos sellen un papel y nos dicen que nos faltan media docena de ellos más.

Después dicen que no hay ingenio en Andalucía y que la Junta no sirve para nada. Que la Sanidad, por ejemplo, funcionaba mejor y sin urgencias colapsadas cuando éramos Territorio Insalud dependiente del Ministerio y no Virreinato del SAS y de los genéricos en las boticas, procedentes de subastas que sabe Dios si tienen el principio activo o el fin activo, y dónde los han fabricado, si en la India o en Singapur. Es para nota el ingenio que le han echado Susana Díaz o sus asesores a cómo los funcionarios pueden cubrir, después de currelar las 35 obligatorias, esas dos horas y media semanales de cominito para llegar a doblarla igual que los del resto de España. Imagine una chorrada. Cuanto más gorda, mejor. Bueno, pues esa chorrada sirve para justificar el currelo de las dos horas y media más a la semana. Cuanto menos tengan que ver con los trabajos propios de la Consejería, mejor. Verbigracia, hacer un curso sobre «Lenguaje claro para comprender y hacernos entender» computa como 10 horas de trabajo. De pura chamba no han puesto clases de Tertulianés, que eso computaría por lo menos 12 horas «no presenciales» que les llaman. O sea, de escaqueo que te veo, Mateo. Hay otro pretexto precioso: un cursillo sobre «Gestión de los Programas de Fondos Europeos en Andalucía». Vamos, para aprender a hacer Centros de Interpretación de la Carriola Rociera, Observatorios del Escarabajo Pelotero y esas tonterías en las que se gastan el jurdó europeo la Junta y los Ayuntamientos.

Pero lo mejor de todo, y por eso lo dejo para el final, es lo de un curso de meditación de raíces budistas «new age» («mindfulness» que le llaman, ¿qué se creía usted?) y que se convalida por un chaparrón de horas. Aunque no soy funcionario (ni Dios lo permita), yo ya he hecho ese curso de Meditación, aunque nada Budista. ¿Cómo se cree usted, si no, que he pensado cuanto llevo escrito en este artículo, que si fuera funcionario me valdría por lo menos por más horas que las que está en la calle la cofradía del Tiro de Línea?

Y digo yo: vale la meditación, ¿pero por qué budista, fuera de nuestra cultura? ¿Por qué no cuentan los ejercicios espirituales de San Ignacio? Y ya que estamos en Andalucía, ¿por qué no cuentan las horas que se echan en la cofradía limpiando la plata, o extendiendo las papeletas de sitio a los hermanos capiroteros que no aparecen por allí en todo el año? ¿Qué mejor meditación que la solemnidad barroca de una función principal de instituto, con el esplendor de su liturgia? ¿Y acercarse a San Lorenzo y arrodillarse allí y meditar en el inmenso Poder de Dios, que es lo nuestro, qué Buda ni Buda con tós sus muertos? ¿Y llegar junto al Arco de la Macarena y meditar ante esa Esperanza que nada más que La ves te hartas de llorar? Claro, todo esto es políticamente incorrecto porque es cristiano. Lo que cuenta es el budismo y el yoga, que tienen aquí mucho arraigo... por los cojones. Puestos a meditar, me dejo de Buda, me voy a la Plaza Nueva, entro en la capilla de San Onofre y medito ante el Santísimo, permanentemente de manifiesto en la Custodia, donde siempre es Corpus. Y eso, si fuera funcionario de la Junta, me valdría por lo menos 40 horas. Las 40 horas del Jubileo Circular de nuestra cultura y de nuestra fe. No de Buda, del que sólo me acuerdo cuando veo la foto histórica que Atín Aya le hizo al Pali sentado en su silla con la camisa desabrochada hasta la cintura y todo el barrigón cervecero fuera.

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos