EL RECUADRO

El lobito está llorando

Con ser Benito Moreno como un sobrado humanista del siglo XX va a quedar como el autor de la sintonía de «El Larguero»

Antonio Burgos
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Lo que son las cosas, lo que es el mundo, lo que es Sevilla. Con ser Benito Moreno cantautor, pintor, profesor, poeta, como un sobrado humanista del siglo XX y parte del XXI, y hasta primitivo nazareno del Silencio formando pareja con Juan Teba o Gonzalo García Pelayo, va a quedar como el autor de la sintonía de «El Larguero»: «Hincha tú eres el mejor/escuchando el transistor». El lobito está llorando por eso, ra, ra, ra, porque en este mundo todo se reduce a una síntesis que es imposible que abarque tantos mundos como llevaba dentro este francés de la calle Feria o sevillano de Bretaña, hermano de otros dos grandes artistas, cada uno en lo suyo: Josele en el humor, Máximo en el dibujo y en las portadas de los discos del rock andaluz. Que un día, allá en Lorient, decidió que como en su Sevilla no se estaba en parte ninguna. Y le hizo caso al «Vente pá España» de su hermano Josele en aquellos años terminales de la dictadura e inaugurales de la democracia.

Yo ahora no sé si Benito Moreno llegó a Sevilla desde Lorient, donde Máximo su hermano decía que estaban las gaviotas más gordas y más chillonas del mundo, o si vino directamente del Mayo Francés del 68, con un poco de retraso, pero con todo su espíritu de cambio y libertades dentro del alma. Benito había nacido en el corazón de la calle Feria, en la Plaza Mengíbar. Su padre, José Moreno, era retocador de fotografías, iluminador: coloreaba las del blanco y negro; a aquellos retratos de soldados les ponía el caqui del uniforme y el rojo del borlón del gorrillo cuartelero. El padre de Benito era un artista, casado con Beatriz Hurtado, una paradeña, la primera admiradora de sus hijos en aquella familia de artistas: «Ay, mi Josele, la gracia que tiene; ay, mi Maxi, lo bien que dibuja; ay, mi Benito, lo bien que canta», le contaba a quien se acercaba a la calle Niebla y por la ventana de su piso bajo le compraba cerveza o un bocadillo, en la tienda que había improvisado en su salita de estar.

Eran los tiempos de la «nova cançó» catalana y los andaluces, como luego demostramos en el 4-D, no queríamos ser manos que nadie. Benito Moreno y Carlos Cano, tras el granadino Manifiesto Canción del Sur, inventaron la canción de una Andalucía verde y blanca. La cantaron los dos en un recital mano a mano en el Lope de Vega, un mes después de la muerte de Franco. Recital que se convirtió en una reivindicación de la democracia y homenaje a los sindicalistas del 1001, que acababan de salir de Carabanchel: Soto, Saborido y Acosta. Allí nos anuncio Benito Moreno este dolor que tenemos ahora, al enterarnos de su muerte cerca de su cuna, en la Casa de los Artistas. Pleonasmo: un artista que muere en la Casa de los Artistas. En aquel recital del Lope de Vega, Carlos Cano cantó a la blanca y verde, y Benito Moreno nos dejó el anuncio, a lo Mañara, de su muerte: «Soy un sevillano serio,/ un sevillano aburrido,/ de esos que se van de pronto,/ sin anunciar que se han ido». Y el ra, ra, ra, que habría de ser como la nube pasajera convertida en definitiva que ocultó desde el transistor del hincha toda la grandeza de un pintor, un cantautor, un poeta. Pintor zurbaranesco. Como buen pintor de Sevilla, no he visto a nadie que llevara al lienzo las telas con ese sentido casi táctil; sobre todo cuando las puso junto a una máquina de coser en la portada de uno de sus muchos discos, a los que no les rindieron los honores que se merecían, del «Romance del Lute» a meter las «Rimas» de Bécquer por sevillanas, y con mucho compás.

El San Juan del azulejo de la Amargura que pintó el Marqués de Torrenueva y está en San Juan de la Palma, mirando a la Casa de los Artistas, me ha dicho que la del otro amanecer fue la segunda muerte de Benito Moreno. La primera fue cuando se le murió su amor, su razón de ser, aquella delicadísima Christiane Decaillet, una francesa nacida en la Argelia colonial que le inspiró sus canciones, sus versos, sus cuadros. Su vida. Por eso hoy el lobito está de nuevo llorando, ra, ra, ra: Benito tú eres el mejor viviendo la pena de un amor en la Sevilla a la que volviste con Christiane para pintar tus canciones.

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos