EL RECUADRO

Laicismo por bolas

Las bolas de la Plaza son como bombos del Gordo, en el que a Sevilla le ha tocado, un año más, hocicar ante el laicismo imperante

Antonio Burgos
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Creo que regalan un viaje a Laponia, la tierra de Papa Noel, con paseo en trineo de renos incluido, para los niños, los padres, los tíos, los abuelos y para esa tía solterona que hay en toda familia y que es como una segunda madre, a quien descubra un motivo, un solo motivo religioso en las iluminaciones de las Pascuas de Navidad inauguradas anoche por el Ayuntamiento. Aunque no tengo ninguna gana de que me den el premio del viaje a Laponia, con el frío que hace en Laponia, con los bajos que vuelan los grajos en Laponia, me he dedicado a buscar dichos motivos religiosos por las luces navideñas de Sevilla entera, por Triana, hasta por los barrios, y no he hallado una sola fila de bombillas que ponga «Navidad», ni nada relacionado con Belén, el Nacimiento del Niño Jesús, San José, la Virgen o con el buey y sus mulas todas. ¿Qué pasa, que de las «Navidades blancas» de los americanos de Bing Crosby y Frank Sinatra hemos pasado a las «Navidades laicas», por aquello de que el muy moderado alcalde Espadas, con su muy cristiano delegado de Fiestas el señor Cabrera, gobiernan gracias a los votos de Podemos, que no creen en las Pascuas cristianas?

¿Y las bolas? No hay plaza más maltratada que la de San Francisco. Ahí ponen de todo. Desde carpas promocionales de La Caixa a nuevos modelos de coches o hileras de puestos de lo que se vaya terciando vender. Y en el mejor espacio abierto de Sevilla, donde se ponen los palcos para proclamar la Pasión de Cristo y se alzan las portadas del Corpus para rendir culto a su Cuerpo hecho uva y trigo en la Custodia, esta Navidad ha tocado hacernos la Pascua con las bolas. Por bolas. Traduzco: por pelotas. Las vi la otra tarde, y eché allí en falta a los niños de San Ildefonso cantando los números de la Lotería de Navidad. Las bolas de la Plaza son como luminosos bombos del sorteo del Gordo, en el que a Sevilla le ha tocado, un año más, hocicar ante el laicismo imperante que nos quieren imponer quienes democráticamente nos gobiernan, sin tener en cuenta la mayoría sociológica de los sentimientos religiosos y cristianos de los gobernados. Quitaron el «mapping» de Zoido porque decían que, tal como está la cosa del terrorismo yijadista, era una temeridad reunir a tantas criaturitas en la Plaza. Y ahora ponen las dichosas bolas para juntar gente cuando empiece a sonar la musiquita y Cenicienta pierda el zapato o algo así, y lo digo por el cuento que le echan para hacernos tragar lo que vaya haciendo falta. Y como la gente es tan novelera, irá a ver las bolas musicales de los bombos del Gordo de Navidad de la Plaza. ¿Cómo que si irá? Por pelotas.

Aquí, que somos tanto de la Cuaresma como preparación de la Semana Santa, se nos va vivo el Adviento como pórtico de las Pascuas de la Natividad del Señor, que eso es lo importante para celebrar ahora, no las lucecitas y los motivos nórdicos de los cristales de nieve y de la leche que mamó Papá Noel. En la Europa protestante, los niños celebran el Adviento con unos almanaques de los que cada día van sacando una chocolatina de regalo, hasta que llega la Nochebuena. Aquí, lo celebramos pagando unos facturones de luz enormes a Endesa, sin un solo motivo religioso.

Y lo más contradictorio es que al lado, al ladito mismo de donde están, por pelotas, las dichosas bolas luminosas de la Plaza de San Francisco, verá usted las colas que se forman hacia Entrecárceles para llevar a los niños a ver el Nacimiento de toda la vida que ponen todos los años en Cajasol. Eso es lo nuestro: el Nacimiento, el corcho de La Venera para poner las montañas del fondo del paisaje de Belén, el Niño Jesús, San José y la Virgen. Y nada digo de luego, cuando salga la Cabalgata de unos Reyes Magos que, aparte de tirar caramelos en Sevilla, fueron a Belén guiados por la Estrella de Oriente para postrarse ante el Gran Poder de Dios, que para salvarnos acababa de nacer dicen que en un portal, pero para mí que fue en el mismísimo Arco de la Macarena, que es donde está su Madre y cuya mano de Esperanza besaremos el día 18.

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos