El hijo del espartero

Martín Cartaya ha retratado a Sevilla con retina de viajero romántico, fijándose en las escenas cotidianas que nadie valoró

Antonio Burgos
SEVILLAActualizado:

Pues no. El hijo del Espartero al que me voy a referir no quiere meterse a fraile, como canta la sevillana antigua, ni le dice la cuadrilla que torero como su padre. Ese Espartero que se quería meter a fraile era el nieto del dueño la espartería de La Alfalfa que hemos visto en fotos antiguas y para mí que antepasada de Persianas Alfalfa. Ese Espartero cuyo hijo se quería meter a fraile, Manuel García Cuesta, es el que estuvo con su padre en el negocio de los esterones, pero cada vez que podía se iba a torear becerras al campo. A Espartero lo mató «Perdigón», un toro de Miura, en la plaza de Madrid. Yo creo que para dos cosas. Una, para que las sevillanas proclamasen que «los toritos de Miura/ no le tienen miedo a nada/porque ha muerto El Espartero,/el mejor que los mataba». Y otra, para que Fernando Villalón le escribiera su romance maldiciendo al toro: «Malhaya sea “Perdigón”».

Así que no es ese espartero de la Alfalfa y a su saga a quien referirme quiero, sino al espartero de la Puerta de Triana. Usted quizá se acuerde del negocio, con los capachos colgados en la puerta. Estaba en el comienzo de Reyes Católicos conforme se viene del puente, en la esquina de los Almacenes del Rey, entonces estación de autobuses de Damas. Ese espartero de la Puerta de Triana tuvo un niño que, como el torero, no quiso seguir con el negocio del padre, y que, a diferencia del que mató «Perdigón», no se iba por los cerrados, sino que le regalaron una máquina de fotografía, una Kodak de fuelle, y ahí encontró su vocación, su ilusión, su forma de ver el mundo, al que llamó siempre Sevilla. Hablo del bueno de Jesús Martín Cartaya, hijo del espartero de la Puerta de Triana, hermano de Ramón, el inolvidable hermano mayor de La O. A pesar de su ilusión y su vocación, no fue profesional de la fotografía ni vivió de la Leika, como su maestro el Nene Serrano, o como Vilches, Luis Arenas, Rafael Cubiles, Serafín, o Gelán, como tantos cronistas gráficos de la ciudad en comedios del siglo XX. El hijo del Espartero de la Puerta de Triana se ganó la vida como dependiente de comercio, y en su etapa final de Cortefiel de la calle Imagen creo que fue quien consiguió que todos los cofrades vistieran de oscuro, con aquella carta que, cuando no había protección de datos, puso a todos los hermanos de las cofradías ofreciéndoles con grandes descuentos el terno oscuro para el quinario, para salir en la representación del Corpus, para el Domingo de Ramos. Pues Martín Cartaya, y este mérito no se le ha reconocido como ahora hago, consiguió que en una Sevilla de colores claros y Príncipes de Gales se impusiera como rito la chaquetita azul marino para los chavales y el terno oscuro para los mayores.

Gracias a que Jesús Martín Cartaya no fue profesional titular de la fotografía en ningún periódico, sino que siempre anduvo por libre, sucedió que vivió la ciudad con ojos y mentalidad de viajero romántico, de visitante extranjero. Sacan de vez en cuando colecciones de fotos de un famoso fotógrafo extranjero que vino a la Semana Santa de 1930, por ejemplo. Y sale el amigo del nazareno que pintó Martínez de León, y las pilas de sillas en La Campana, y un amanecer de Viernes Santo con antifaces remangados sobre el macho del capirote y copas de aguardiente en los veladores. Bueno, pues eso mismo, pero de aquí, y sintiendo a Sevilla, fue lo que ha hecho toda su vida Jesús Martín Cartaya: ha retratado a Sevilla con retina de viajero romántico, fijándose en las escenas cotidianas que nadie valoró, en los personajes que, por conocidos, nadie fotografiaba. Un tesoro etnográfico. Un documento histórico de una época de Sevilla. Y todo eso, reunido ahora en una exposición, reunido, clasificado y catalogado por otro del Cantón de la Alfalfa pero no espartero, sino historiador y enamorado de Sevilla: Álvaro Pastor Torres. No se pierdan la exposición de Martín Cartaya para encontrarse con la Sevilla que perdimos y él halló en sus fotografías, eternizándola. Las exposiciones valen lo que su catálogo, y el de la exposición de las fotos de Martín Cartaya en el CICUS de Madre de Dios es, como su obra toda, un tesoro único e impagable: un cofre de sevillanidad que nos abre el hijo del espartero de la Puerta de Triana.

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos