ECONOMISTA EN EL TEJADO

El gran susto

Si se desalienta la inversión privada volveremos a la ruina. Eso sí, como felices y desempleados consumidores

Manuel Ángel Martín
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Sabrán que las Bolsas están de capa caída y que vamos de susto en susto. La semana pasada ese símbolo que llamamos Wall Street volvió a resultar la calle del muro de las lamentaciones y del susto, porque una cosa es el miedo, tan necesario para los toreros, y otra cosa es que lleves años de tranquilidad y de pronto te den un escobazo que da de todo menos risa. Hace más de nueve años que la economía de los EE.UU. salió de la recesión, y nosotros ya predicamos jauja y que es hora de corregir recortes y acometer expansiones. Trump haciendo rebajas fiscales, creando empleo hasta el «recalentamiento», la deflación ayudando, el dinero gratis, y nuestro Ibex que iba a por los 11.000 puntos tiembla la semana pasada y cae un 5,6% hasta los 9.639, el nivel más bajo en doce meses, con una pérdida de más del 4% en lo que llevamos de 2018. Esto supone para los inversores en renta variable una dura pérdida «virtual», asunto que alegrará a los partidarios de empobrecer a los «presuntos» ricos, esos que ahorran y se les ocurre invertir su dinero. En nuestro sistema financiero las unidades que ahorran son las familias, porque las empresas son por naturaleza prestatarios netos, y del estado para qué hablar de ese billón de euros de deuda impagable que ya pesa como una losa sobre el futuro. Los datos del Banco de España correspondientes a septiembre de 2017 cifran el ahorro financiero familiar en 2,11 billones de euros de los cuales casi un 50% está en fondos y en inversión directa. Las cifras pueden parecerles importantes o no, pero el susto que tienen todos los tenedores de estos activos sí lo es, por mucho que les hablen de «corrección» y otros eufemismos tranquilizadores.

Un segundo aspecto es que más allá de los tópicos bursátiles sobre el «termómetro de la economía» y el indicador adelantado, lo que provoca, anuncia o refleja la devaluación bursátil no es nada bueno para la economía ya sea real o «imaginaria». Perspectivas inflacionistas, repunte de tipos de interés, proteccionismo o devaluaciones competitivas, por no hablar de quienes fantasean con el autocumplimiento de la profecía de una nueva recesión en 2018. Estas malas noticias no sé si preocupan a nuestras cabezas pensantes y dirigentes, empeñadas en la exaltación del consumo y la condena del ahorro, cuando resulta que desde Marx a Piketty, pasando por gente tan dispar como Böhm-Bawerk o Keynes, se ha fundamentado el crecimiento en la acumulación de capital, ya lo haga la democracia liberal o el muy chino «autoritarismo burocrático». Así que no estaría de más atemperar el fundamentalismo consumista (una novedad en la izquierda) y fomentar más el ahorro y la inversión, en cuyo mercado, por sorprendente que parezca, se fragua la creación de empleo. Ni el gobierno andaluz, ni el español, ni el europeo están por la labor inversora. Si se desalienta la inversión privada volveremos a la ruina. Eso sí, como felices y desempleados consumidores.

@eneltejado

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