Antonio Burgos - EL RECUADRO

Gorigori por los 777 Antonio Burgos

Camas no solamente dio esplendor al toreo siendo cuna de faraones, sino al escamondeo con Los Tres Sietes y el Zotal

La antigua fábrica de lejías «Los Tres Sietes» en Camas
La antigua fábrica de lejías «Los Tres Sietes» en Camas - ABC
ANTONIO BURGOS - Actualizado: Guardado en: Opinión

En los supermercados, a las estanterías les llaman «lineales». Lo que más que a mercadería, me suena a fútbol. «El línea» le oí muchas veces a Serra Ferrer (bienvenido de nuevo a casa, don Lorenzo) llamar al juez de línea. Así que en los supermercados tiene que haber «jefes de lineales», que con su banderín digan dónde deben poner los artículos en las estanterías para que te entren por los ojos y te los lleves, ¿no, Pepe Moya? Como en Mercadona los deliciosos pregones como de mercadillo de la última hora de la tarde, sobre todo en los fines de semana. A las empleadas, llevando en un carrito de compra los artículos perecederos que van a caducar y no pueden guardar para el lunes y que pregonan, sólo les falta gritar como los mercadillos de la etnia calé:

—¡A leuro, mujeres, los melones a leuro!

Es un genio este mercadónico y mercadotécnico valenciano don Juan Roig, que ha sabido meter en Mercadona el arte gitano de los pregones de los mercadillos. Y el arte de los lineales, como trazados con tiralíneas del conocimiento del mercado, que vas por papel de cocina y congelados de menestra y te vienes con cosas que ni se te pasaba por la cabeza comprar. Les confieso que me encanta ir a Mercadona, y a Alcampo, y a los Carrefures, y a Más, y a El Jamón lepero, porque pegas la oreja y te vienes no sólo con todo lo que te ha apuntado en la lista de la compra la Jefa de la Casa Civil, sino con el artículo hecho. Escuchar lo que las marías comentan y largan en los supermercados te da cienes y cienes de apuntes del natural de la vida misma y real de Sevilla.

Y por esos lineales de Dios y de don Juan Roig andaba yo buscando Los Tres Siete de toda la vida cuando me ponían «lejía» en la lista de la compra y nunca la encontraba. Para los sevillanos toda lejía es de Los 777, como toda caja de pañuelos de papel es de Kleenex y todo rollo de papel higiénico, El Elefante. ¿Cómo iba a encontrar mi querida y sevillanísima lejía Los 777, que era como la Peña Er 77 pero en escamondeo, si ahora nos enteramos no sólo que la fábrica presentó suspensión de pagos y cerró, sino que hasta andan derribando su edificio en Camas? «Sic transit gloria lejiae», queridos Paco Robles y Ricardo Suárez que tenéis esos relojes de cera color tiniebla como la del Gran Poder para medir el montesinesco tiempo que irreparablemente huye en Sevilla. ¿Qué va a ser de nosotros sin lejía Los 777? ¿Y el Jabón Lagarto? ¿Se sigue fabricando el Jabón Lagarto? Para los sevillanos, todo jabón verde es Lagarto. Con el alipori que nos dan las bichas y las salamanquesas, la calle principal es Sierpes y el jabón verde de toda la vida, Lagarto.

Me entero, con el obituario económico de Los 777, que la fábrica estaba en Camas. Así que Camas no solamente fijó y dio esplendor al toreo siendo cuna de faraones y de niños sabios, sino al escamondo doméstico y agropecuario con Los Tres Sietes y con el Zotal, que también se sigue fabricando en Camas desde 1909, y que sea por muchos años. ¿Habrá algo más andaluzamente campero que una cuadra de caballos con esos pesebres de caoba que decía el olvidado José María Requena, oliendo a limpio con Zotal? Cuando fui por vez primera a Los Alburejos invitado por don Álvaro Domecq Díez, lo que más me sorprendió fue lo bien que olían las cuadras. Tan bien como el pescado de la plaza de abastos de Cádiz, en la calle de Libertad (cualquier cosa). Allí no huele a pescado, sino a gloria bendita en el puesto del Chicla, con un mostrador que parece una naturaleza muerta de Zurbarán.

Y tras el gorigori por la Lejía de los Tres Siete, anoto una ausencia del Zotal. Este año los paseos de la Feria, cuando los baldeaban, no olían a Zotal. El Zotal era al paseo de caballistas como el incienso a la Semana Santa. Olor a cascabeleo de enganches, a cascos de caballos cartujanos repicando sobre los adoquines. Y todo, gracias al pueblo de Camas. Así que para la cuna del Faraón va el grito: «La lejía Los Tres Siete ha muerto, ¡viva el Zotal!».

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