PÁSALO

En forma

Rajoy no vino a Sevilla a respaldar con su presencia ningún candidato a la alcaldía

Felix Machuca
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«Unos dicen que pasó como la comitiva americana de Bienvenido Mister Marshall por el pueblo donde Pepe Isbert hacía de alcalde. Otros mantienen que lo tiene tan en forma su entrenador personal que camina como el rayo y que, Rajoy, pasa por los sitios como pasó el sábado por Sevilla. Tienes donde elegir para buscar el símil con guasa que más te guste. Pero la realidad es esa. Tu propio director, Álvaro Ybarra, lo resaltaba en su comentario del lunes. Imposible que tanta prisa pasara desapercibida. Te voy a contar una cosa: Rajoy ha dicho a sus cabezas de cartel que muevan el culo, que salgan a la calle, que empiecen a vender los logros de este gobierno, que la prima de riesgo, por ejemplo, está a ochenta puntos. Que los laureles son para las paellas y para los etíopes que ganan el cross de Itálica. Y no quiere ver a nadie sentado en el sofá de su casa. Ni tan siquiera para admirar la nevada más grande del año. A la calle y a trabajar. Que las naranjas, y no de la China, se han puesto de moda…

Así que Rajoy vino a Sevilla a eso. A trasladar su mensaje y a decirle a la gente que hay que trabajar. Echarse a la calle. Pero no solo a los bares. Para ir a los bares la hinchada responde divinamente. Donde tenemos que ir es a la calle, a llamar puerta por puerta para sumarle simpatías a la gaviota que no anda sobrada de admiradores por culpa de la corrupción y del miedo que los jubilados tienen sobre el futuro de las pensiones. Fíjate que el formato donde se inscribió la visita del gallego era una convención de distritos, un espacio menor para un presidente. Pero precisamente por eso hay que valorar el gesto presidencial: no importa el escenario. Importa lo que hay que decir en la escena. Y escogió esa convención para insuflar ánimos, arengar a los nuestros y hacer bajar a la realidad de las cosas a un partido que anda suicidamente dividido en Sevilla y pierde pueblos en la provincia. Por eso, cuando desde el gallinero de los niños de Nuevas Generaciones, se gritó la consigna de «Beltrán, alcalde», el gallego ni se inmutó. No firmó un gesto ni de aprobación ni de repulsa. Pero evidentemente dio a entender que no había venido hasta Sevilla para respaldar con su liderazgo orgánico a ningún nombre para la alcaldía.

Y se fue. Con la misma velocidad con la que vino porque el gallego se ha impuesto un ritmo de carrera alto. Lo que hizo en Sevilla también lo ha hecho o tiene que hacerlo en Castellón y en León. Algunos te dirán que la ocurrencia de los niños proclamando su adhesión a Beltrán fue una jugada muy juvenil, no mucho más exitosa que la negociación de los presupuestos municipales, esa bandera que no acaba de tremolar con credibilidad el nuevo portavoz. Yo no me voy a meter en esos asuntos. Pero sí te puedo adelantar algunas confidencias con las que antes disparabas a dar con tus espoliniquis y que tanto irritaban a algunos. Mira, en el partido se guardan una serie de encuestas que miden el nivel de simpatía de la calle para inclinarse por un alcalde de los cuatro nombres que maneja el partido: Sanz, Felisa Panadero, Juan Ignacio Zoido y Beltrán. Sí, sí, ya sé que Zoido ha dejado bien claro que no repite. Pero eso no tiene nada que ver para que las encuestas encargadas insistan en que el ex alcalde es el preferido, al menos, por los encuestados. En esas encuestas no sale jamás primero el compañero Beltrán. ¿Que te estoy dando ensaladilla en mal estado? ¿Que las gambas son del Rocío pasado? ¿Que trato de intoxicarte? Tú mismo. Pero esa es la realidad. Tan real como que el paso fugaz de Rajoy por Sevilla no avaló a ninguno de los posibles candidatos a la alcaldía local. Eso sí: dejó muy claro que lo que hay que hacer es trabajar, echarse a la calle y trabajar. Yo espero que algunos compañeros se hayan enterado. Porque las naranjas pueden parecernos más agrias que las de Mateos Gago…»

(Extracto de una conversación con un cargo orgánico del PP provincial)

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