EL RECUADRO

De este año no pasa

Tenemos ya suelto, en todo lo suyo, al pesado de Semana Santa. El que te invita coercitivamente con su «de este año no pasa»

Antonio Burgos
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Mañana es Domingo de Pasión, que en Sevilla se escribe Domingo del Pregón. Pero hay otro almanaque no litúrgico: el de los pesados sevillanos. Sí, pesados. A los pesados últimamente se les llama con una palabra que, como tantas, es importada de Cádiz: jartible. Jartibles o pesados. O plastas, voz que también los define muy bien: «Pepe es un tío plasta». Bueno, pues ahora tenemos ya suelto, en todo lo suyo, al pesado de Semana Santa, como más tarde habremos de tener al de Feria. El pesado que invita coercitivamente con su «de este año no pasa». En la Feria son más habas contadas los que te dicen lo clásico:

—De este año no pasa que vengas por mi caseta para escuchar al conjunto tan bueno que llega cada tarde a cantar.

A lo que el pesado, plasta o jartible, añade la frase tela de clásica:

—Es que todos los años me prometes que vas a venir y luego nunca vienes. Dices que no encontraste la caseta, o que tenías aquí a unos de Madrid y debías atenderlos. Pero de este año no pasas que vengas, ¿eh? Como me llamo Paco.

El generoso invitador pesado, pesado, pesado, con la mejor de sus intenciones y sus hospitalidades, tiene ahora las fechas en que se harta con su «de este año no pasa». ¿Por qué le gusta tanto al sevillano convidar a cosas, si esas cosas, además son gratis? Los que no se rascan la de Ubrique a la hora de pagar en el restaurante y en el bar parece que tienen higos chumbos en los bolsillos, son generosísimos para convidarte ahora, en vísperas de Semana Santa, a cosas que a ellos no les cuestan un duro, pero quieren quedar bien contigo, generosidad gratis total se llama la figura. Son los de:

«De este año no pasa que vengas a ver pasar la de San Bernardo por mi casa, y así además pruebas las torrijas que hace mi mujer, las mejores de toda Sevilla. Ya verás: mucho mejor que las de La Campana, ¡dónde va a parar!».

«De este año no pasa que vengas a ver salir mi cofradía, pero no desde la calle, sino dentro de la iglesia. ¿Te mando ya una tarjeta de invitación a la salida, para que te dejen entrar por la puerta de la casa-hermandad? Es que el año pasado te la mandé y luego no viniste, con lo difícil que es conseguir una, que sólo nos las dan a los que somos hermanos antiguos. Pero de este año no pasa que vengas a ver la salida desde dentro, verás qué cosa más emocionante, con lo estrecha que es la puerta. Mira, se me están poniendo los vellos de punta nada más pensarlo.»

«De este año no pasa que vengas conmigo a mi barrio el Viernes de Dolores a ver nuestra cofradía, que es de las que llaman «de vísperas» y no va a La Campana. Ni falta que hace. Es mucho mejor que muchas de las que van a la carrera oficial, y no veas cómo se pone el barrio de bonito, y la devoción que hay, emocionante, y las petaladas que le tiran al palio de la Virgen. Algo único, que la gente no conoce y que tengo mucho interés en que vivas de cerca, porque yo, aunque ya no salgo de nazareno, fui uno de los que fundaron la hermandad y arreglé los papeles para que la aprobara Palacio. Así que prométeme que de este año no pasa que vengas a conocer una cosa única, que los sevillanos se pierden.»

«De este año no pasa que vengas a la cena que dan José María y Loli en su casa el Jueves Santo por la noche, en esas horas muertas entre la tarde y la Madrugada, todo a base de cosas de estas fechas, el bacalao con tomate, las espinacas con garbanzos.... Sé que te ha invitado otras veces, somos muy poquitos siempre, y tiene mucho interés en que no faltes. Así que de este año no pasa que vengas.»

Y pasan los años, y pasa la vida, como canta la sevillana de Romero Sanjuán, y nunca cumplimos con el pesado del «de este año no pasa». Así que de este año no pasa que también vamos a quedar como un cochero con los intensos pesados del «de este año no pasa». ¡Claro que este año va a pasar! Lo de siempre: que no iremos. Qué tíos más pesados en su generosa hospitalidad, qué intensidad en la convidá a emoción propia que a los demás nos importa un pimiento. Del piquillo, naturalmente.

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos