EL RECUADRO

Cuidado con los cartelistas

El polémico navideño de los belenistas es un cartel absolutamente prescindible. Como tantos que se editan en Sevilla

Antonio Burgos
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No, no es un título con errata. Es un título con mucho de historia cotidiana contemporánea de Sevilla. Casi las mismas palabras que componen el título de este artículo llevaban, en un letrero de advertencia («Cuidado con los carteristas»), los coches motores y las jardineras de los tranvías de Sevilla. De aquella maravillosa red de tranvías que fue destruida como las murallas, como un símbolo y prueba de progreso, y que no sólo daba la vuelta al casco histórico y entraba al mismísimo centro, a la Plaza Nueva, a La Encarnación y a la Plaza del Duque, sino que era, en la misma pieza, utilísimo tren de cercanías, siete mil millones de veces más efectivo que el mal llamado y actual Metro; que te llevaba, por un lado hasta Coria, Gelves y La Puebla del Río, y por el otro hasta La Pañoleta y Camas, aparte del Cerro del Águila, Heliópolis o el Cementerio.

En aquellos tranvías de Sevilla que suprimieron sin saber por qué (cuando los mantienen las grandes ciudades europeas como Viena, Zurich o Munich) había ese cartel que digo: «Cuidado con los carteristas». Yo ahora, a la vista del efebo parguelón que parece que le está haciendo una magnolia a la Giralda en vez de una azucena y que la muy benemérita Asociación de Belenistas ha impreso como anuncio de la Navidad, me he permitido una errata, más que conveniente en las actuales circunstancias: «Cuidado con los cartelistas».

Cómo será de discutida la cuestión, que Martian, la tienda de cerámica artística de la calle Sierpes, no se atreve, o no quiere, o no le da la gana de poner en su escaparate el cartel de los belenistas. Martian está en la acera de los pares de la calle Sierpes, frente al azulejo de la fachada de la sede de Cajasol (ex Banco Hispano Americano) que recuerda que allí estuvo la Cárcel Real, con un interno tan ilustre como Cervantes; junto a donde estuvo Auto Ibérica y en cuyos altos tenía su vivienda y su espléndida biblioteca el injustamente olvidado humanista Miguel Romero Martínez. Martian ocupa el local donde anteriormente estuvo la armería de Los Eibarreses, y tiene la loable costumbre de exponer en su escaparate (como a veces hacía también Ricardo Roldán en su cercana y difunta Joyería Ruiz) los originales de los carteles más sonados de las fiestas y acontecimientos de la vida sevillana. Allí, por ejemplo, han podido los peatones pararse para echarle una miraíta los originales de carteles de mis admirados Ricardo Suárez o Nuria Barrera. Allí es tradición que se exponga el original del cartel de la Semana Santa. Pero, como digo, los dueños de Martian tienen valor y están encantados con contribuir a las tradiciones sevillanas. Pero a tanta valentía como a exponer el cartel del efebo navideño que pasa por Arcángel San Gabriel no llegan. Y hacen muy bien. Aparte de las cuestiones del «lobby gay» de la rancidez hispalense que exponía con toda valentía Paco Robles días pasados en su artículo, ¿qué pinta el Arcángel San Gabriel en la Navidad de Sevilla? Hombre, si todavía fuera en Córdoba, la ciudad que rinde culto a sus ángeles y arcángeles, ¿pero en Sevilla?

Que no se exponga este cartel me lleva a un pensamiento que seguramente, como tantos míos, es una chuminá; pero que a lo mejor, no. No se expone el original de ese cartel en Martian y No Passssa Nada. ¿Usted ha escuchado que alguien proteste porque no lo expongan? Lo cual demuestra que el polémico navideño de los belenistas es un cartel absolutamente prescindible. Como tantos y tantos carteles que se pintan y editan en Sevilla. ¿Para qué tanto cartel anunciando cosas que conocemos todos de sobra? ¿Para qué tanta presentación de carteles que no anuncia nada, más que la vanidad de quienes los editan y los pintan? ¿Y si hacemos un descaste de carteles, ponerle coto a tanto inútil cartel? Si los belenistas no hubieran editado este cartel no habría pasado absolutamente nada. Bueno, sí: no le habrían llamado homófobos a Paco Robles y a los que nos atrevemos a decir que el chavea arcangélico del cartel más que San Gabriel parece La Narda arreglada para ir a la Feria de Utrera.

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos