El recuadro

La caseta del cielo

De aguafiestas del sol sobre el albero, pienso, como cada día lo hacemos todos en Semana Santa, en los que ya no están

Antonio Burgos
SEVILLAActualizado:

LO siento mucho, pero en el mundo barroco de las dualidades de Sevilla no me cuadran las dos caras, el anverso y el reverso entre la Semana Santa y la Feria, por más que en ambas echen el resto los servicios municipales y sean las dos grandes movilizaciones de masas en la ciudad de las mesas... vamos, de los veladores que no te dejan andar por las aceras.

Por ejemplo, no hay dualidad entre Semana Santa y Feria con lo del puente. No me refiero ni al de los Bomberos con la cofradía de San Bernardo viniendo con el recuerdo de Pepe Luis Vázquez, ni al Puente de los Remedios empetado de coches hacia la dirección única con que ponen en estos días la calle Virgen de Luján, una de las más feas de Sevilla. (Por cierto, tendremos que hacer un día el concurso de las calles más feas de Sevilla...) El puente al que me refiero es el vacacional. En Semana Santa, para muchos, el Jueves Santo es como el comienzo de un largo puente, y el Miércoles Santo por la tarde ya están camino de La Antilla, de Punta Umbría o de donde tengan el apartamento, o en el aeropuerto de San Pablo, para iniciar ese viaje baratito al extranjero que encontraron en un anuncio del ABC. Sin embargo, ahora en Feria, pasado mañana es la fiesta local a la que este año se ha trasladado la de San Fernando, que coincide el 30 de mayo con el Corpus. El miércoles no se trabaja, pero ¿usted ha visto a alguien que haya hecho puente desde el viernes pasado al jueves, pidiendo hoy lunes y mañana martes en el trabajo, que, total, con dos días de permiso que pidas te sacas cinco de puente largo? ¿O será que los que se van de Sevilla en Semana Santa alardean de ello y los que lo hacen en Feria se callan la boca, para que Eusebio León no les diga que pertenecen a la caseta de Los Malajes? Pero, sobre todo, lo que más hace dudar en la dualidad entre las dos grandes fiestas de Sevilla es que en Semana Santa nos acordamos siempre de los que ya no están:

-¡Lo que le gustaba a tu padre ver esta cofradía de vuelta al barrio!¿Será que la alegría así como reglamentaria de la Feria hace olvidarnos de los que ya no están, de los que ya no pueden ponerse el clavel en la solapa, de las señoras que ya no sacarán para la noche el mantón de Manila? Seré un bicho raro, pero yo en Feria me acuerdo de los que no están, y eso que nunca he escuchado una frase de este corte:

-¡Si vieras lo que le gustaba a mi padre ponerse aquí sentado junto a la barandilla de la caseta, con su copita de fino en la mano y su sombrero de ala ancha, para ver el paseo de caballistas! ¡Cómo disfrutaba viendo el ambiente!

En los pasos de palio hay crespones negros en los varales por los hermanos destacados que ya se fueron a la eterna estación de penitencia. Pero en la Feria no ponen ningún farolillo negro dentro de la caseta en memoria de ese socio que este año es el primero que falta.

Yo ahora, sevillano, en contramano de la alegría, de aguafiestas del sol sobre el albero, pienso, como cada día lo hacemos todos en Semana Santa, en los que ya no están. En aquel que enganchaba y con el cascabeleo de sus caballos llenaba de orgullo de campo y tradición la calle Juan Belmonte. Del que en cuanto te veía entrar en su caseta iba él mismo a la trastienda a traerte la media botellita de la manzanilla que te gustaba. De aquella abuela que un día organizaba en la caseta un almuerzo para todos sus nietos. De aquel socio de la caseta que cogía unas medias papalinas tan simpáticas y con tanta gracia que todo el mundo estaba deseando que estuviera puestecito... Todos están ya en la que nadie piensa, ay, en estos días: en la Caseta del Cielo. De este cielo andaluz, cóncavo, azul, que se ve a través de los farolillos de las aceras, donde no lo queremos reconocer, pero a todos tantos se nos fueron, y que por ese piso de albero vamos camino de la caseta de los niños perdidos. Que somos nosotros mismos, como vio en un espejo de la Feria el poeta Manuel Mantero.

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos