Opinión
Yolanda Vallejo - OPINIÓN

¿Y si fuera?

Si hoy fuera un domingo cualquiera, podría hablarle del Festival Manga

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Si hoy fuera un domingo cualquiera, podría hablarle del Festival Manga –cosa que me pierde, y usted lo sabe- y de sus ciento cincuenta actividades gratuitas, de esos deliciosos talleres de cómo ponerse y quitarse el kimono, de esas conferencias sobre el Occidente y el honor samurai –después de todo suena hasta interesante-; de esos talleres de sables de goma espuma; de esos divorcios a la japonesa –me ahorro el comentario-, en fin, podría hablarle de lo que viene siendo Femanca, año tras año.

Si hoy fuera un domingo cualquiera, podría hablarle de la fiesta de la salud que se celebró ayer en la plaza de la Reina, organizada por el Ayuntamiento, con la colaboración de entidades y ciudadanos dispuestos a mejorar su calidad de vida haciendo de la prevención y de la adopción de hábitos saludables, una forma de vida. Mentes cada vez más sanas, en cuerpos cada vez más sanos; educación, cultura, deporte, medioambiente, sostenibilidad, movilidad, vivienda… la cooperación entre delegaciones, instituciones y un Plan Local de Salud que pretende ir mucho más allá del barrio de la Viña.

Si hoy fuera un domingo cualquiera, podría hablarle de la Noche Europea de los Investigadores, que el pasado viernes convirtió San Antonio y la plaza Mina en un laboratorio –esa era al menos, la intención- que pretendía acercar la ciencia a la sociedad. Coordinados por la UCA, y a través de talleres, microencuentros, exposiciones, experimentos, espectáculos científicos –lo sé, yo tampoco entiendo esto muy bien-, charlas y catas, se dieron a conocer los últimos avances científicos en materias muy dispares. Como curiosidad, resultaba curioso y como entretenimiento, resultaba entretenido. Y poco más.

Si hoy fuera un domingo cualquiera, podría hablarle de la procesión de la Virgen del Rocío que anoche recorría las calles del barrio de San José. A falta de procesión extraordinaria, esta ordinaria salida –podría haber dicho tradicional, pero no me hacía el juego de palabras, no me malinterprete- ha cubierto la cuota semanal de pasos en la calle. Porque si creía usted que con lo del Ecce-Homo del pasado sábado, se acababa la temporada hasta la Patrona, andaba más que equivocado.

Si hoy fuera un domingo cualquiera, podría hablarle del Mercado Gastronómico Andalucía Productores, que desde el pasado viernes se está celebrando en el Muelle Ciudad, en Cádiz, a pesar de que, si uno mira la página institucional del nuestro Ayuntamiento, el cartel dice que se celebra en el «Paseo de la Alameda-Tarifa» del 31 de marzo al 2 de abril –fallos tiene cualquiera, aunque de este calibre son más llamativos, qué quiere que le diga. Este concepto de mercado, que lleva años funcionando, pretende ser un espacio de exposición y venta de productos artesanos y de cercanía, apostando por la sostenibilidad de un comercio más justo y equilibrado con nuestro entorno. Y funciona, no tiene más que darse una vuelta por allí.

Si hoy fuera un domingo cualquiera, podría hablarle del Pleno municipal del pasado viernes. Y de los nuevos reglamentos del Carnaval y de la Fundación de la Mujer. Y podría hablarle de la «esterilidad» de los debates cansinos en los que se enredan nuestros concejales. Y podría hablarle de lo cansino que resultan ya estos plenos donde todo es más de lo mismo, y donde todo suena a lo mismo, y donde todo parece lo mismo.

Pero hoy no es un domingo cualquiera. Usted lo sabe, y yo lo sé. Y lo sabe todo el país. Y aunque disimulemos, y aunque intentemos pensar en otras cosas –yo llevo quinientas palabras intentándolo, sin conseguirlo, por cierto-, no hay manera de apartar el pensamiento de lo que hoy está ocurriendo en Cataluña.

Porque, pase lo que pase, lo preocupante es que ya ha pasado. Mejor dicho, ha vuelto a pasar. Nadie escarmienta en cabeza ajena, nos habían dicho. Y también nos habían dicho que lo de las dos Españas era cosa de abuelos muy cebolletas. Y también nos habían dicho que la democracia –ese placebo con el que se pretendía curar la gangrena de una larguísima y podrida posguerra- había terminado, para siempre, con la España de cerrado y sacristía, con la sombra de Caín que nos persigue.

Nunca pensamos que viviríamos esto. Que viviríamos una confrontación absurda, una radicalización estéril, y que sacaríamos a todos nuestros fantasmas cubiertos con banderas. Yo, al menos, nunca lo pensé.

Pero parece que la historia no es una ciencia exacta, y que no sirve para aprender el pasado, sino para manipularlo al capricho de los vientos, de los llamados nuevos vientos, que no son sino, tempestades sembradas con nuestras propias manos.

Pase lo que pase hoy en Cataluña, habremos perdido muchísimo. En libertades, en derechos, en valores, en seguridad, en tranquilidad. Todos. No solo los catalanes. Nos dieron la democracia sin libro de instrucciones, y hemos ido aprendiendo a usarla tocando todas las teclas, a ver cuál era la correcta. Así de mal nos ha ido. Y hay que reconocerlo, no sabemos con lo que estamos jugando.

Quizá lo mejor es no pensarlo, o pensar qué haríamos si hoy fuera un domingo cualquiera.

YOLANDA VALLEJO