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Montiel de Arnáiz - OPINIÓN

Voltarem

Llegó el 1-O y no he recibido mis sobres y papeletas, la siempre engorrosa propaganda electoral. No entiendo qué ha podido ocurrir esta vez

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Llegó el 1-O y no he recibido mis sobres y papeletas, la siempre engorrosa propaganda electoral. No entiendo qué ha podido ocurrir esta vez. Normalmente, esas cartas coloridas que me ruegan el voto a un rostro o una lista duermen en mi buzón una o dos semanas antes de cada elección, pero esta vez Correos ha debido fallar, así que no sé qué hacer.

El viernes fui a preguntar al juzgado para saber dónde podía comprobar si el censo estaba erróneo, es decir, si soy yo quien soy o si vivo en mi domicilio. Nadie sabía nada y no había junta electoral, ni presidentes de mesa ni interventores. Decidí acudir a varios centros escolares a preguntar si iban a constituirse en colegios electorales y me respondieron que no habían recibido notificación alguna para ello. Luego, me dirigí a una oficina postal e interrogué al dependiente sobre si tenía formularios de voto por correo. Éste, visiblemente enfadado porque Iberia le había cancelado un vuelo a Punta Cana desde Barcelona el 1 de octubre, me respondió algo que me dejó preocupado: «¿Para qué quiere usted votar si las papeletas del Sí están ya a buen recaudo dentro de urnas de tienda de chinos, esperando al domingo?».

La sombra del pucherazo me dejó consternado: ¿Sería verdad que todo está ya escrito? ¿Debo seguir creyendo en las casualidades? Para confirmar tal argumento fui a una tienda de un polígono industrial cercano y le pregunté al dependiente si había vendido urnas para el Referéndum. «¿Ulnas? Yo sólo vendo tanatolio», bromeó, así que decidí dejarlo pasar.

En resumen, aquí estoy mirando las noticias, convidado de piedra, sufragista impedido, el último en enterarme, leyendo sinrazones y chanzas de guerracivilistas de «fascista» fácil, oyendo a vendedores de bulas, biblias y aguardientes acerca de las bondades sanadoras del procés. Son okupas de lo nuestro que es de todos, indigentes intelectuales que fuerzan el hecho consumado para adaptar el mundo a su interés (mundo que también es mi mundo, mundo que se ha construido con mis impuestos y mis antepasados).

Tienen razón los que denuncian que no se les permite ejercer su derecho al voto hoy. A los gaditanos, por ejemplo, se nos ha impedido votar. Tenemos experiencia: se nos niega el «Voltarem» constantemente.

MONTIEL DE ARNÁIZ