El tiempo de los tiempos

Hoy, la Cuaresma nos abre los sentidos a nuestros recuerdos de antaño

Actualizado:

Una vez más, nos llama a la puerta con la fragilidad de lo efímero, de aquello que dura lo que un sueño tarda en desvanecerse tras la eterna espera de todo un año. Pugna con Don Carnal porque le prestemos atención. Hace parir a los naranjos, vistiéndolos del blanco purísimo de la inocencia de un esperado azahar, ilumina las tardes con la luz especial que desprenden las sombras de las candelerías, perfuma los recuerdos de canela, azúcar y miel. Nos hace que acariciemos las manos de nuestras más profundas creencias, que nos rindamos a los pies de Aquel que nos sirve de consuelo durante nuestras tempestades diarias. Ya está aquí la ansiada Cuaresma.

Son cuarenta días de sueños, de emociones, de promesas dichas por lo bajito a quienes siempre nos oyen, sin importar la hora que sea o el momento en el que los necesitemos. Instantes de confesiones ahogadas en rezos, en Padre nuestros y Ave Marías, que se elevan hasta los cielos de nuestras iglesias para liberar las almas pecadoras de aquellos que sabemos que el Amor de un Padre siempre perdona los errores de una vida y con la certeza de que el regazo de una Madre siempre recibe a sus hijos. Dias, horas, minutos de trabajo de algunos para el disfrute de muchos.

Hoy, la Cuaresma nos abre los sentidos a nuestros recuerdos de antaño, a la inocencia de cuando éramos pequeños y cogimos nuestro primer cirio, a las gotas de cera que derramamos en nuestro caminar acompañando a nuestras devociones. Nos abre las puertas del reencuentro con los compañeros a aquellos que tenemos la suerte de ponernos bajo nuestros pasos y servir de cirineos en el caminar de nuestro Titulares. Cargadores de devociones, los cuales ocupamos un puesto privilegiado en nuestros cortejos al poder sentir en nuestros hombros el peso de una cruz, de un momento de la Pasión de Cristo o del llanto de una Madre que mira al infinito ante el sufrimiento de un hijo.

Los que la disfrutamos, la esperamos con el ansia de quien espera un sueño que anhela conseguir y que, día tras día, es una cuenta atrás que se nos escapa a golpe de calendario. Nos sentimos como esos niños a los que el agua se les escapa de las manos, sin poder entender que es imposible retener las gotas, los días, entre nuestros dedos, quedando todo en la memoria de quien vive, sobrevive y revive los momentos como quien los disfruta por primera vez.

Es un tiempo de tertulias de hermanos, de charlas, de rememorar recuerdos de semana santas preteritas. De recordar a cofrades que ya no están presentes pero que siempre quedaran en nuestros recuerdos. De pregones, de exaltaciones y de Funciones principales. Es el tiempo de los tiempos para aquellos que añoran la llegada del momento, la llegada del Domingo de Ramos.

Y no nos olvidemos que es un tiempo que tenemos para renovar nuestro compromiso con el autentico Señor, con el que vive en el Sagrario de cada iglesia. Él es el único sentido de esta Cuaresma y al que debemos de mirar siempre, no solo cuando los nubarrones se precipitan por nuestro horizonte diario, sino para darle las gracias cada vez que el sol brilla sobre nuestras cabezas.

Vivan, sueñen, canten las glorias de nuestras devociones. No se sientan prisioneros de aquellos mafiosos que nos quieren silenciar, que el tic tac del reloj de la Cuaresma no tiene vuelta atrás.