Felicidad Rodríguez

Tarea para rato

Durante los últimos diez días casi todas las noticias locales han pasado a segundo plano ante los acontecimientos catalanes

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Durante los últimos diez días casi todas las noticias locales, buenas y malas, han pasado a segundo plano ante los acontecimientos catalanes. Desde el anuncio de la instalación de Torrot en la Zona Franca hasta las colas en Asuntos Sociales. Incluso la perfecta acción coordinada entre la Policía Nacional y la Guardia Civil en la incautación de casi 4 toneladas de cocaína ha pasado desapercibida para muchos gaditanos. Una noticia que, por cierto, viene a corroborar la excelencia de los Cuerpos de Seguridad del Estado de los que tenemos motivos más que suficientes para sentirnos orgullosos. Todo ha quedado difuminado por la intensa semana catalana. Y me parece que así va a continuar en las próximas jornadas. En apenas 7 días hemos asistido al montaje anticonstitucional del 1 de octubre, incluida la manipulación de imágenes, para dar una impresión de víctimas, en una jornada que se publicitaba como una especie de manifestación de la libertad, en estilo flower-power, impedida por la represora España.

Hemos asistido al paro general, que se ha llamado huelga aunque no cumpliese con los requisitos legales para ello, al anuncio de reprobación de la Vicepresidenta por parte de Pedro Sánchez y a la desautorización a antiguos dirigentes socialistas, ahora llamados reliquias, por expresar su opinión. Hemos asistido al acoso a la Policía y a la Guardia Civil, y a sus familias, a la oportuna intervención del Rey, a la salida en bandada de los bancos catalanes y de las grandes empresas, sangría que continúa, a la búsqueda desesperada por parte de los independentistas de no se sabe que mediador internacional, ni para qué, y así hasta la gran manifestación del domingo de la mayoría silenciosa y silenciada hasta ahora. Decía Josep Borrell que, con nuestro silencio, todos hemos tenido un poco de culpa.

Desde el momento que, en el 2006, se aprobó un Estatuto de Cataluña que luego el Tribunal Constitucional se encargaría de recortar, y los resultados de las últimas elecciones catalanas, la cosa se venía venir. Viendo la composición del Parlament, y dejando aparte la representación de Cs, PP y PSC, 62 escaños de la coalición independentista Junts pel sí, distribuidos en 30 para CDC, 21 para Esquerra Republicana y 11 para Demócratas de Catalunya, Moviment d´Esquerres, Reagrupement y Catalunya Si; la otra coalición, la de CSQP, integrada por Podemos, ICV, EUiA y Equo. Más los de la Candidatura Unidad Popular- Llamada Constituyente, la ya famosa y omnipresente CUP, estaba claro lo que vendría a continuación. Porque a ver que tienen en común, en lo que se refiere a planteamientos para gestionar Cataluña y para resolver los problemas de los catalanes, los miembros de la antigua Convergencia y los de Esquerra Republicana. Ya veremos esta tarde si Puigdemont declarará la independencia o dirá que la represora España impidió que los comicios del día 1 se celebrasen con garantías por lo que tendría que retrasarse para otro momento. El problema, en cualquier caso, va para largo. Y, al margen de las medidas inmediatas, la solución, también a largo plazo y como en muchas cosas, pasa por la educación y la formación de las jóvenes generaciones tras tantos años de manipulación ideológica en los colegios. Una tarea para rato.