La Voz de Cádiz

El símbolo del Olivillo

La Junta ha abandonado edificios históricos y protegidos durante décadas, hasta casi dejarlos caer

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Podría parecer chocante de no ser por la reincidencia que amortigua el efecto sorpresa. Una administración permite, por omisión, que un edificio bajo su responsabilidad, protegido además por su particular arquitectura y sede de algún servicio público, se deteriore de forma alarmante. Así un año, y luego otro. Hasta sumar un lustro, que se acumula con otro para formar una década. Y pasar a la siguiente en la misma situación. Sin novedad ni cambio. Hasta el punto de que las autoridades decretan su cierre, su imposible utilización. Después de anunciar varios planes vanos, proyectos grandilocuentes, caros, lejanos e imposibles, esa misma institución pretende traspasar la responsabilidad, dejar el abandonado espacio, aún más deteriorado, a otra administración para endilgarle el posible arreglo, el improbable derrumbe, la utilización futura y, sobre todo, poder señalar a otros culpables mientras disimula una negligencia propia. Por más difícil que resulte comprenderlo, es la Junta de Andalucía la que ha puesto en marcha este proceso, punto por punto, con El Olivillo, y con la colindante Escuela de Náutica, ambos edificios protegidos, históricos y emplazados además en un lugar tan simbólico como el frontal de La Caleta, que parece un imán para despropósitos urbanísticos tras sumar otros nombres como Valcárcel.

El único motivo para creer que tal secuencia de despropósitos es real está en que la administración autonómica, con matices en cada caso, ha repetido este ‘modus operandi’ en varios de los solares y edificios más voluminosos y señalados de su patrimonio en la capital gaditana. Aunque sin construcción alguna, ya mareó la perdiz y dejó pasar los años con el suelo de Construcciones Aeronáuticas, con el empeño de la que la Zona Franca intentara solventar el estropicio tras renunciar a construir el anunciado hospital. Semejante proceder tuvo con Tiempo Libre. Y aún tiene la desfachatez de pedir suelo para construir oficinas, reclamar agilidad burocrática al Ayuntamiento para que cambie su uso y modificar el proyecto varias veces. Sería un caso asombroso de no ser un ejemplo. Así suele actuar la Junta en Cádiz.

Ojalá que, aunque tarde, el inicio de las obras en El Olivillo, ayer, suponga el final de esta negra época, de una etapa de inacción inexplicable, de abandono doloroso para los gaditanos. Es un deseo. Quizás ingenuo.

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