EL APUNTE

Ridículo presupuestario

La anulación del TSJA convierte la gestión económica del Gobierno local en un dañino sainete

La Voz de Cádiz
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El Ayuntamiento de Cádiz se ha revelado definitivamente como incapaz de poner en marcha unas cuentas municipales. No encuentra la forma de poner en pie los presupuestos de la administración local. Después de tres años en el Gobierno local, tendrá que gobernar con unos presupuestos prorrogados desde 2014. No hay otros válidos durante los últimos cuatro años después de que el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía haya anulado los de 2016 (los únicos que fue capaz de aprobar Podemos-Ganemos-PSOE). Casi cinco años después, estamos como al principio, vuelta a la casilla de salida, sin cambios ni directrices que puedan aplicar las prioridades de los nuevos gobiernantes, con los números prestados de otros. E

El alcalde gaditano, José María González, tiene en este apartado una de sus peores notas, que ya es decir. Ni él ni su mano derecha económica, David Navarro, ni los apoyos políticos de otras formaciones han servido para elaborar unos presupuestos válidos durante tres años en el cargo (se cumplen el próximo 13 de junio). Las cuentas prorrogadas proceden de 2014 y ver tumbadas por los tribunales las de 2016 supone un fracaso sin paliativos que no se puede achacar a la oposición, ni al tribunal que ha encontrado las irregularidades, ni a ningún complot periodístico ni a las oscuras fuerzas capitalistas del mal. Es un fiasco redondo y completo, responsabilidad única de los primeros y últimos responsables: los autores de ese proyecto. La oposición advirtió de todas las formas posibles que esos números eran un desastre, sólo por incluir como millonarios ingresos la hipotética venta de locales en el estadio Carranza que, evidentemente, nunca se produjo. Es obvio que estas cuentas ya han quedado ridiculizadas y se necesita un nuevo guión de ingresos y gastos que avale la solvencia del Consistorio. Los ciudadanos, la oposición, las empresas, los bancos no se fían de las palabras que luego rectifican, desde fuera, tribunales y órganos legales. Quieren hechos, movimiento, inversiones, servicios bien atendidos... Y llevan demasiado tiempo esperándolos. Concretamente, los tres años que el Gobierno local lleva en el cargo. La redacción de un nuevo presupuesto para un Gobierno en minoría no es tarea fácil pero nadie dijo que gobernar lo fuera y para eso fueron elegidos, como esperanza de cambio. De cambio de presupuesto no sería.

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