La Voz de Cádiz

Rescatar, ayudar y cumplir la ley

Las últimas avalanchas de inmigrantes en las costas gaditanas han provocado que las fuerzas de seguridad hayan hipotecado sus servicios a su asistencia

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El incesante goteo de pateras llegadas a la costa de Cádiz es además de un drama humano –esa terrible situación a la que no se le da una solución definitiva–, un problema para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil están desbordados. Saturados. Hasta arriba del ir y venir a Tarifa o Barbate a auxiliar, controlar y después trasladar a los cientos de inmigrantes que lo han intentado. Esa es la realidad. La práctica. Ya van este año más de cuatro mil rescatados. Marroquíes en su mayoría que en un plazo de 72 horas, guste o no guste, tienen que ser devueltos a su país. Esos traslados los efectúan los agentes de Policía Nacional que se ven obligados a quitarse de sus servicios habituales unas doce horas para viajar hasta Ceuta escoltando a los expulsados. Dejan por ejemplo de hacer servicios de seguridad que ahora justo, tras los atentados de Barcelona, se han puesto como prioritarios. Sin embargo, tienen que acudir a la frontera. Hay que cumplir con la ley y los plazos legales son sagrados. Viendo que esta situación cada vez va a más sería fundamental que se les dotara de mayores recursos para que su trabajo no estuviera hipotecado a si llega o no otra patera.

Lo mismo ocurre con la Guardia Civil. Este verano ha habido madrugadas que todas las patrullas que estaban de servicio en la provincia han tenido que acudir de urgencia a Barbate o Tarifa por la avalancha migratoria. Y nadie les sustituyó en sus municipios o zonas de influencia.

La situación parece que no va a cambiar. Es más. Si Marruecos sigue en esa tónica lo más seguro es que el goteo se prolongue en el tiempo por lo que es importante que las administraciones responsables se lo tomen en serio y vayan más allá del drama que supone el ver llegar a personas desesperadas a bordo de lo que pueden. Eso ya lo sabemos. Hay que ir más allá.

LA VOZ