Nandi Migueles - Artículo

Reflexiones de un jurado (I)

Pese a las críticas, insultos y hasta peticiones de muerte, el balance como miembro del jurado ha sido bastante positivo

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A pesar de las críticas, insultos y hasta peticiones de muerte lenta que me ha deseado algún desalmado carnavalesco, el balance como miembro del jurado oficial ha sido bastante positivo. Conviví con un grupo de personas responsables, conocedoras de la materia, honrados y carnavaleros como ningunos. De todos sin dudar al que menos le apasionaba el carnaval era a mí, si no echen una mirada a mis puntuaciones. En la mayoría de ellas han quedado como las más bajas. Pero en el fondo no he sido tan malo, no me he portado tan mal. Al final me dejé contagiar por el espíritu alegre y festivo que transmite el ambiente del teatro y de mis compañeros de jurado. Ser tribunal de un concurso en donde sentimientos como la emoción, la pasión y la alteración de los vellos de tu cuerpo interactúan muy de cerca con la afinación, interpretación, plástica, calidad musical y estructura literaria, ha sido una tarea ardua y difícil, pero sabía a lo que me exponía y no me arrepiento de nada de ello. Tanto mis compañeros de faena como yo nos hemos tomado rigurosamente en serio cada pase mostrando mucho mimo en cada punto que otorgábamos. Cuantificar en números todos los apartados que os he relacionado es casi imposible. Ha habido comparsas muy bien escritas pero con contraltos que chillaban más que un gato pisado, otras con una calidad vocal muy profesional pero con mensajes metacarnavaleros excesivos, algunas con un pellizco gaditano sobrecogedor pero de muy corto repertorio, muchas con tipos rancios pero muy correctas en todo, otras con un tipo deslumbrante, y con solo eso, otras que ni siquiera eso. Coros sin trabajar con tangos y cuplés de corta y pega, coros muy trabajados e innovadores, coros ñoños, otros demasiado serios, coros sin voces, coros magistralmente afinados, coros estancados, coros de uso facultativo para la sonrisa y coros como receta médica contra el insomnio. Cuartetos con gracia propia y muy bien llevados, cuartetos confeccionados con chistes de las redes, cuartetos con golpes geniales, otros donde el personaje salva el repertorio y algunos que te hacen arrepentir de haber comprado la entrada para esa sesión. Chirigotas muy infantiles, groseras y con falta de ingenio, chirigotas clásicas pero con clase, chirigotas machistas y sin gracia. Chirigotas que han deslumbrado, muy bien trabajadas, chirigotas con lo mismo de siempre…

En definitiva hemos tenido para todos los gustos y colores y en donde la misión de un jurado, en forma de tribunal, es la de encuadrar a la perfección el orden merecido para cada una de ellas, como te equivoques en un solo puesto mal lo llevas. De todos es sabido que hay que contar conjuntamente con otras particulares premisas; a cada grupo le cantan campeones y se lo cree, los familiares de cada grupo piensan que el suyo es el mejor, autores que rumian estar agraviados y perseguidos, la mayoría de componentes salen para ganar y si no es así se frustran, cualquier posición excepto la de quedar primeros es injusta, los desafinaos , arritmias de los grupos, falta de rimas, cambios de acentos a las palabras, ausencia de mensajes, solo los ha visto el jurado que además no tiene ni idea….

El derecho al pataleo es lícito y entendible en el calor de la batalla, pero de ahí a creerse que todos los años su grupo ha sido maltratado y que son víctimas de una persecución mafiosa, va un abismo. Reflexionemos.

Nandi Migueles