Antonio Papell

La recuperación del PSOE Antonio Papell

Las encuestas tienen en general mal cartel en este país porque han sido severamente manipuladas en el pasado

A. Papell - Actualizado: Guardado en: Opinión

Las encuestas tienen en general mal cartel en este país porque han sido severamente manipuladas en el pasado, pero su utilidad para seguir el desarrollo de las preferencias de la opinión pública es innegable. Además, el CIS, un organismo público gestionado por funcionarios, es más difícilmente manipulable que una empresa que tiene que cuadrar su cuenta de resultados. De ahí que en esta canícula estival en que lo que menos faltan pese a todo son noticias -todo el mundo sabe que estamos en puertas del estallido de un grave conflicto-, la publicación del barómetro oficial de julio (hay cuatro al año) ha generado esta vez cierta sensación porque el PSOE, después de una serie de vicisitudes que han sido el precio que ha debido pagar por la profunda crisis, parece haber recuperado la estatura, de la mano del controvertido Pedro Sánchez.

Según el barómetro electoral publicado el viernes pasado, el PSOE sumaría un 24,9% de los votos, frente al 19,9% que registró en la encuesta de abril (cinco puntos más). El PP, por su parte, volvería a ganar con un 28,8% (pierde 2,9 puntos sobre el 31,5% de abril), mientras que Unidos Podemos sería la tercera fuerza (20,3%, por el 19,7% de hace tres meses) y Ciudadanos la cuarta (14,5%, frente al 14,9% . En definitiva, la distancia entre el PP y el PSOE que era de 11,6 puntos se reduce a solo 3,9 puntos. Pero, además, si alguno no se fía de la ‘cocina’ del CIS, los resultados en bruto corroboran el ascenso socialista: el PSOE tiene la más alta intención directa de voto: 19,1%, frente al 17,1% del PP, el 9,3% de Podemos y el 9,2 de C’s. Y si alguien duda todavía de la tendencia, Sánchez también gana entre los cuatro líderes en cotización personal y ostenta la más alta, un 3,73, por delante de Rivera por primera vez (3,58) y, por supuesto, de Iglesias (2,95), quien compite con Rajoy (2,79) por el farolillo rojo. Podemos, que ha nacido en buena medida a expensas del PSOE, mantiene su posición, en el entorno del 20%, aunque algunos adviertan -advirtamos- ciertos síntomas de descomposición en la formación de Iglesias, por lo que el partido de Sánchez no ha resuelto todavía su problema vital, pero todo indica que está en el buen camino. Un camino que pasa por recomponer los jirones que quedaron del partido socialistas tras la gestión infausta de la crisis, que culminó en unas elecciones precipitadamente adelantadas, precedidas por la reforma del artículo 135 de la Constitución, que hoy, paradójicamente, es el gran argumento que esgrimen los independentistas para exigir su referéndum: si la Constitución se cambió en horas para satisfacer a los poderes económicos que presionaban desde Bruselas, ¿con qué autoridad se puede exhibir la rigidez consensuada de la Constitución para impedir un referéndum en Cataluña? Es obvio que la única respuesta que se puede dar desde la izquierda a esta pertinente insidia es la de que aquello fue un error, y en consecuencia el partido que promovió el desatino piensa revertirlo cuando tenga potencia política suficiente.

El deslizamiento del modelo cuasi bipartidista hacia la formula cuatripartita actual fue el síntoma más claro que podía darse de la irritación social hacia aquel compadreo que dio lugar a la amalgama del ‘PPSOE’. En un país como este, todavía con desequilibrios sociales y económicos muy graves, la fórmula de la ‘gran coalición’ a la alemana que pretendía un sector minoritario del PSOE (el que dio el golpe de mano contra Sánchez) hubiera sido un dislate, que hubiese puesto en bandeja el poder al populismo a medio plazo.

Ahora, con Sánchez al frente del PSOE y si el PP consigue zafarse del lastre de corrupción y persuadir a la opinión pública de su cambio radical, las dos grandes organizaciones están en condiciones de reemprender el vuelo y de retomar una dialéctica de moderada confrontación entre el centro-derecha y el centro-izquierda. Cada cual en su sitio, sin confusiones que desnaturalicen la ilusión de la gente.

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