OPINIÓN

La provincia vence a la temporalidad

La apertura de hoteles en noviembre o las cifras en la Sierra antes de este puente confirman un avance clave

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Aunque suponga inconvenientes –todos los sectores económicos los tienen–, los gaditanos se han consagrado al sector servicios como un salvavidas económico. Hasta ahora, siempre lamentábamos, como sociedad, que su actividad es intensa pero irregular, efímera. Las grandes fiestas tradicionales y locales, algún evento (tipo Gran Premio de Motociclismo) o la Semana Santa eran los únicos picos, breves, que sumar a la larga temporada veraniega, de más de tres meses en esta parte del mundo.

Esa estacionalidad era el enemigo a combatir y parece que se dan pasos para lograr la victoria. Hoteles abiertos en Chiclana este mes de noviembre o un otoño de cifras de ocupación desconocidas en la Sierra y La Janda (antes del puente festivo iniciado ayer) son las pruebas. Es una evidencia que el turismo y sus empresas auxiliares forman el sector económico más robusto de la dañada economía provincial. Ningún otro (si se suman hoteles, hostelería, transportes y suministros) mueve más dinero, más productos y más empleo en una zona con graves problemas de paro estructural.

Las instituciones y las empresas, los expertos y los profesionales, llevan años hablando de la necesidad absoluta de «romper la estacionalidad». Esa expresión, traducida, significa que la provincia y su sector turístico necesitan que vengan todo el año, que no se concentren sólo en los meses de verano, quizás en alguna de esos episodios festivos de primavera o, el presente, casi de invierno.

Los pasos que se están dando en toda la provincia contribuyen a que esta industria sea estable, a que los niveles de estancias y visitas mantengan cierta regularidad. Son muchas piezas las que necesita el puzzle. Una de las principales claves, la que se hace evidente estos días, es que el turismo rural crece sin cesar. La Sierra y La Janda interior, por ejemplo, cada vez tienen más atractivos, mejores instalaciones. Los cruceros llegan con un ritmo nunca conocido a la capital gaditana en otoño y primavera, mientras que los pequeños desplazamientos familiares o en pareja a ciudades, de fin de semana, son cada vez más comunes. El sol y la playa conservan su fuerza espléndida en la provincia. A ese goteo se suman los grandes operadores y sólo queda poner facilidades, dar la bienvenida, a los que tratan de aportar su grano.