Juan Casas - OPINIÓN

Precaución al volante

La Filosofía, en contra de lo que muchas personas piensan, no es algo inútil y para personas raras, sino que nos puede servir de mucha utilidad en la vida diaria

Juan Casas
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Estamos en época de vacaciones, en la que muchas personas salen de su lugar habitual de residencia para pasar unos días de asueto. La Dirección

General de Tráfico organiza campañas conocidas como Operación Salida y Operación Regreso o Llegada, con el fin de concienciar a los conductores de que tengan prudencia a la hora de utilizar sus vehículos para, así, evitar accidentes y que los días de vacaciones que, en principio, se presentan como días alegres y tranquilos no se conviertan en desgraciados para toda la vida.

La mejor forma de evitar accidentes es cumplir las normas de Tráfico. Y aquí la Filosofía nos puede resultar de mucha ayuda. Veamos como Heráclito, habló de una ley que regulaba la lucha entre los elementos, a la que llamó Logos. Pues bien, donde quiera que vayamos siempre existirán unas normas que regulen nuestras acciones. En el caso que nos ocupa, las normas antes citadas de Tráfico. Y así como para este filósofo era necesario respetar sa ley para que las cosas funcionen bien, los conductores deben, conocer y respetar las citadas normas, para lo que en principio se le presenta como un placer, no se convierta en una desgracia para el resto de su vida.

Sócrates, estaba en la cárcel esperando que le llevaran la cicuta a la que había sido condenado a beber, y sus amigos le prepararon una fuga segura que le libraría de la muerte. Pues bien, el filósofo rechazó la oferta porque decía que era más importante respetar la ley que su propia vida. Sin llegar a esos extremos, este filósofo nos puede servir de modelo a imitar en relación con las normas de Tráfico. Si hay una limitación de velocidad, no es por capricho, sino para evitar una accidente, a uno mismo y a los demás. Si está prohibido conducir habiendo ingerido alcohol, hay que respetarlo, por el bien nuestro y para evitar algún accidente a otras personas que van tranquilamente y cumpliendo lo establecido. Acordémonos pues de este filósofo a la hora de ponernos al volante de nuestros coches.

La Ética de Aristóteles, puede resultar de mucha utilidad recordándonos la teoría del justo medio (de la que ya hemos hablado en otra ocasión), ya que puede aplicarse a muchas situaciones de la vida, tales como: cuando hay que tomar alguna decisión importante debemos huir, tanto de la temeridad, como de la cobardía. Cervantes la pone en práctica cuando, con ocasión del episodio de los habitantes del pueblo del rebuzno, pone en boca de D. Quijote lo siguiente: «No huye el que se retira porque has de saber Sancho, que la valentía que no se funda sobre la basa de la prudencia se llama temeridad, y las hazañas del temerario más se atribuyen a la buena fortuna que a su ánimo». (D. Quijote segunda parte, capítulo XXVIII).

Cuando nos ponemos al volante de nuestros coches es conveniente acordarse de Aristóteles y de don Quijote, en cuanto a ser temerarios conduciendo a altas velocidades, como a ser cobardes, En el primer caso podemos tener un accidente y, además provocárselo a otras personas y en el segundo también, pues el conducir demasiado despacio, puede producir los mismos efectos. Hay pues que acordare del justo medio que, en este caso, consiste en respetar las señales de Tráfico.

Los estoicos nos enseñan, en primer lugar a ser pacientes. Los estoicos antiguos no desesperaban ante la enfermedad y la aceptaban resignadamente. Séneca acepta su muerte despidiéndose tranquilamente de su esposa y de sus amigos. Epicteto soportaba los sinsabores de su vida de esclavo, aumentados, además, por el defecto de su cojera y Marco Aurelio, todo un emperador romano, engañado por su esposa y martirizado por las actitudes delictivas de su hijo, es capaz, no ya de perdonarlos, sino de amarlos, además, tiernamente; y aceptó su muerte con resignación, cuando se enteró que había contraído la peste y que su fin se acercaba irremisiblemente.

Acordémonos pues de estos filósofos cuando nos encontremos ante un atasco en la carretera, y no queramos adelantar sin antes comprobar que no viene de frente ningún otro vehículo. Y si estamos en la ciudad, ante un semáforo en rojo, no pitar apenas se pone en verde si el conductor que va delante no se da cuenta enseguida y, mucho menos arrancar nuestro coche antes de que el que está delante no lo haga. En este caso, además de causar un accidente, la culpa sería nuestra y tendríamos que pagar las consecuencias.

Kant, hablaba de moral autónoma y de moral heterónoma. La primera consiste en respetar la ley por convicción, sin necesidad de coacción externa alguna. En la segunda el respeto a la ley viene condicionado por la sanción que lleva aparejada el no cumplirla.

La verdaderamente humana es la primera, actuando así como seres libres. Pero, aunque solo sea por evitar la sanción, es conveniente cumplir las normas. Recordemos también a Kant cuando nos pongamos al volante de nuestros coches. Heidegger habla de que debemos cuidar a las cosas de la naturaleza, pero también a las personas, ya que en el mundo no estamos solos, sino que coexistimos con los demás y debemos cuidar de ellos y no solamente de nuestros familiares y amigos, sino de cualquier ser humano. Debemos pensar que en la carretera no estamos nosotros solos, sino que muchas más personas también la están utilizando y si no respetamos las normas de Tráfico, podemos causar algún accidente y llevar la desgracia, no sólo a nosotros, sino a otras personas.

Este breve recorrido nos demuestra que la Filosofía, en contra de lo que muchas personas piensan, no es algo inútil y para personas raras, sino que nos puede servir de mucha utilidad en la vida diaria. En este caso cuando nos pongamos al volante de nuestros coches He citado estos filósofos por la claridad con la que exponen el respeto a las leyes. Podría haber citado más, pero no quiero extenderme demasiado para no cansar al posible lector. Uno me dijo un día que desde que leyó mi libro Facilosofía, no se había vuelto a saltar ningún semáforo. Le había impresionado el profundo respeto que Sócrates tenía a las leyes.

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