LA VOZ - EL APUNTE

La pieza clave no está

Pasan los meses y el gobierno local es incapaz de cerrar un presupuesto imprescindible

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Una de las mayores armas políticas con las que cuenta cualquier institución es su presupuesto. Quizás, es la esencial. De esta herramienta parten todas las demás. Marca prioridades, convierte las soflamas de campaña en realidades, casi nunca, o en fiascos, por lo común. Marca la tendencia, muestra la ideología, lleva al terreno de la realidad la fantasiosa prosa de todas las formaciones, el teatrillo de los lemas y los proyectos. Es la única posibilidad de fabricar algo parecido a la verdad en la política que nos hemos dado.

Por eso, cuando falla un presupuesto, la cadena de alimentación traslada el fracaso a toda la gestión institucional. Eso está pasando en el Ayuntamiento de Cádiz. Van consumidos tres meses, un cuarto, del año 2017 y no hay cuentas en el Ayuntamiento de Cádiz. Los números están congelados, han desaparecido y la improvisación es la única norma de la gestión económica de la hacienda local. La cifra exacta sobre la deuda municipal es la excusa omnipresente pero cabría preguntar a estos concejales qué gobierno local, en qué época, en qué país, recibió unas arcas locales en números negros, sin un reguero de créditos. Con esa condición hay que trabajar.

El alcalde de la ciudad, José María González, se vio obligado a prometer que pisaría el acelerador para elaborar unos presupuestos antes de marzo. Así pretendía evitar que su equipo de Gobierno pasara otro año con cuentas prorrogadas. Sin embargo, el acelerón no ha llegado. Ni los millones del hotel del Carranza. Los concejales se burlaban de los periodistas cuando les preguntaban por ellos. Pero lo cierto es que no están y que hay un desfase de casi 20 millones en un proyecto de cuentas que ya ha quedado obsoleto y se necesita un nuevo informe de ingresos y gastos que avale la solvencia del Consistorio. La oposición ya se ha echado encima, cargada de argumentos. Pide la dimisión del responsable de Hacienda, habla incluso de prevaricación, pide informes técnicos que den forma y nombre a lo que todos intuyen: esta casa es un desastre, un desgobierno absoluto, al menos en lo económico. Los ciudadanos se empiezan a cansar de excusas y culpas al empedrado. Ven que pasan los años y no hay ni un proyecto, ninguna realidad. Quieren hechos. La redacción de un nuevo presupuesto para un gobierno en minoría no es tarea fácil pero resulta, sencillamente, imprescindible. Y no está.

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