Opinión
Juan Casas Carbajo

La perversión y el mal uso del lenguaje

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En los últimos años se viene dando, sobre todo por parte de los políticos, una adulteración del lenguaje para disfrazar la realidad, pensando, ingenuamente, que de esa forma no existen los problemas. Por ejemplo se ha dado en llamar a las pérdidas, crecimiento negativo y conjunto de acreedores, a las suspensiones de pago de las empresas. Pero a pesar de esto las pérdidas siguen siendo pérdidas y los acreedores de una empresa en estas circunstancias se quedan sin cobrar. Porqué se hace, ¿por hacer más agradable la realidad, o porque de esta forma mucha gente no se entera de que existen estos problemas? He puesto estos dos ejemplos por ser los más frecuentes, pero hay muchos más.

Si mal no recuerdo en agosto de 2011 se celebró en Madrid la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) , en la que se utilizaron términos de forma incorrecta, es decir llamando a las cosas por lo que no son. Me refiero a los siguientes: laico, clérigo, ateo, agnóstico, estado laico y otros relacionados con la religión. Veamos entonces qué conceptos representan estos términos y el lector comprobará su mala utilización que, en este caso, me inclino a pensar que es por ignorancia de los que los han utilizado.

Clérigo, es la persona que ha recibido órdenes sagradas o ha hecho algún voto en una orden religiosa, es decir, un sacerdote, una monja o un fraile son clérigos.

Laico, el que no es clérigo. Yo que soy católico y creyente soy laico; pero otra persona no creyente también lo es.

Ateo, es la persona que niega la existencia de Dios o de cualquier Ser Superior.

Agnóstico, es el que niega la posibilidad del conocimiento de Dios. No niega su existencia, sino la capacidad de la razón humana para conocerla.

Creyente, es la persona que cree algo. En el caso de la religión la que cree en un Ser Supremo.

Estado laico (también llamado aconfesional), es aquel que es independiente de cualquier credo religioso, aunque admita la libertad de culto. En nuestro mundo occidental todos los estados, salvo el Vaticano son laicos.

Laicismo, es una doctrina que no admite ninguna influencia religiosa o clerical.

Estado confesional, el que depende de algún credo religioso o poder eclesiástico. En el caso del Vaticano, el Católico y en el caso de muchos estados árabes el Islám.

Queda por tanto claro que los que atacaron e insultaron a los peregrinos de la JMJ, no eran laicos o, al menos, usurparon para ellos esa condición, que no es suya sólo, sino que la tenemos muchos millones de personas, que no queremos que nos identifiquen con ellos. Deberían denominarse ateos. Por cierto, los peregrinos franceses denunciaron entonces al gobierno español, por el trato vejatorio que de estas personas recibieron.

Espero que este artículo sea leído por ellas y comiencen a llamarse por su nombre. Claro que puede que muchos ateos se lo recriminen, porque el hecho de serlo no implica necesariamente la falta de respeto hacia los demás. Estas personas tienen otro nombre que la riqueza del castellano permitirá a cada lector asignárselo. Y ¡por favor! Volvamos a utilizar el lenguaje adecuadamente, llamando a las cosas por su nombre y evitando cualquier eufemismo para disfrazar la realidad o engañar al público con verdades a medias que son las peores mentiras.

En cuanto al mal uso del lenguaje está la moda de nombrar siempre el masculino y el femenino: compañero-compañera; ciudadano-ciudadana, etc. No es que sea incorrecto, pero con esta redundancia, que proviene de confundir el género con el sexo, se complica el lenguaje que como instrumento de comunicación humana tiene, como tal, que ajustarse a unas normas si quiere ser efectivo. Por eso existe la gramática. Pues bien en nuestro idioma el plural de los nombres, se refiere al masculino y al femenino, no al hombre y a la mujer, sino al género gramatical. Si yo digo tengo unos compañeros muy competentes, me estoy refiriendo a los compañeros y a las compañeras, pero no tengo que decir ambos términos, porque con eso lo que se consigue es complicar el lenguaje de tal manera que puede llegar el momento en que no nos entendamos. ¿Se imaginan un conferenciante que cada vez que se refiera a un colectivo concreto, tenga que decir siempre los dos géneros? La charla resultaría pesadísima y hasta llegaría un momento en que se hiciera incomprensible. Por otra parte hay nombres que se utilizan solamente en femenino: la persona, la perdiz, la rata y muchos más. No decimos el persono ni el rato ni el perdizo. Alguien puede pensar que el macho de la perdiz es el perdigón o el de la rata el ratón; pues no, el perdigón y el ratón son dos especies diferentes a la rata y la perdiz. Con esta moda tan extendida, se están cometiendo barbaridades, por no decir cursiladas como: jóvenes y jóvenas; miembros y miembras. Términos que están en la memoria de casi todos los lectores. Y yo cometería el mismo error si añadiera y lectoras, pues como he dicho más arriba, el plural de los nombres en nuestro idioma se refiere a los dos géneros masculino y femenino y no a los sexos hombre y mujer. Y esto es así, para que podamos entendernos con claridad. .

Otra moda que se extiende cada vez más y, lo que es más grave, utilizada por personas a las que se les supone un buen nivel cultural, es usar el signo @ para englobar a los dos géneros como si fuera una letra:: compañer@s. Y no, @ no es una letra, sino un signo o símbolo matemático. La arroba es una medida de peso y de capacidad: una arroba de vino o de aceite (16 litros); una arroba de trigo o de patatas (11,5 kilos).

Otro error (a mi modesto entender) que se repite con mucha frecuencia, es el de la violencia de género. Que yo sepa en la gramática no hay violencia; los géneros masculino y femenino no se pelean ni se agreden, como tampoco lo hacen los artículo o los verbos. Este tipo de violencia es de sexo, es decir una violencia ejercida por un hombre hacia una mujer o viceversa, que también se da.

Me van a perdonar, pero no me resisto a incluir en este artículo un pequeño resumen gramatical, con el único objetivo de refrescar los conocimientos gramaticales que se aprendieron en la escuela:

Los géneros son tres: masculino, femenino y neutro.

Son del género masculino los nombres propios y comunes de hombres y animales machos: Luis,, niño, abogado, perro.

Los nombres de ríos, montes, meses y días: El Ebro, los Pirineos, mayo, lunes.

Los nombres comunes a los que se puede anteponer la palabra EL o UN: el carro, el aro, un mapa.

Son del género femenino los nombres propios y comunes de mujeres y animales hembras: Luisa, niña, modista, gallina.

Los nombres comunes a los que se puede anteponer la palabra LA o UNA: la manga, una pluma, una mesa.

Los nombres de ciencias, artes o virtudes: aritmética, pintura, caridad.

Las letras del alfabeto: la a, la b…

Son del género neutro las palabras que llevan el artículo LO, como lo bueno, lo útil..

No hay que confundir sexo y género. El género es un término de la lingüística que señala una propiedad gramatical de los sustantivos y los pronombres; mientras que el sexo es una característica biológica de los seres vivos. La palabra perdiz en español es del género femenino, pero el animal al que se refiere puede ser macho o hembra. La palabra lince es del género masculino, pero se refiere al macho o a la hembra. No hay que confundir pues, género y sexo. Veamos un ejemplo:

─ La ley no debe establecer diferencias según el género de las personas (esta frase es incorrecta. Lo correcto sería decir:

─ La ley no debe establecer diferencias según el sexo de las personas.

Estos ejemplos los he tomado de Las 500 dudas más frecuentes del español (Instituto Cervantes 2013).

Esto tiene relación con lo dicho anteriormente sobre el género y el sexo.