Perplejo estoy

En los países del norte se pusieron mano a la obra en la década de los noventa y han racionalizado sus sistemas de pensiones

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Tenemos un gravísimo problema como país y no es Cataluña. Es mucho peor y se llama Sistema de la Seguridad Social. En los países del norte se pusieron mano a la obra en la década de los noventa y han racionalizado sus sistemas de pensiones. Suecia inició su gran reforma en 1992. Fue el momento del tránsito de la socialdemocracia a un régimen económico con mayor protagonismo de las premisas liberales. El Estado sueco hacía aguas por doquier, con un déficit del 13% y el anuncio de colapso de todo su sistema económico. Las reformas económicas de gran calado basadas en la competitividad empresarial y la productividad del factor trabajo, arrastró otras reformas también necesarias. La de la Seguridad Social sueca no era para menos, porque es la espina dorsal del Estado de Bienestar. Iniciaron de esa forma un camino de reforma estructural del Sistema, consistente en consolidar el existente de reparto y paralelamente poner en marcha otro de capitalización obligatorio de gestión mixta, público privada. El sistema final supondrá un peso del de reparto en torno al 70%, mientras que el de capitalización rondará el 30%. Hoy el sistema es totalmente viable, amén de existir un incentivo para todos en su financiación, ya que los fondos que nutren el de capitalización, son auténticos salarios diferidos “propiedad” del trabajador, que podrá hacer uso de ellos, una vez cause derecho a la pensión de jubilación. Es decir, por una parte se cotiza a una caja común en forma de cotizaciones sociales y por otra se financia directamente un fondo por el propio interesado, a través de aportaciones en forma de salarios diferidos, aportaciones que son obligatorias, como de igual forma lo son las cotizaciones a la caja única del Sistema, a través del sistema de reparto.

He leído las “aportaciones” de políticos y sindicalistas españoles. Perplejo me dejan. Ninguna consistencia en sus argumentaciones. Demagogia en estado puro. El tiempo pasa y el horizonte del 2050 está a la vuelta de la esquina.

La reforma de las pensiones de 2013 buscó una fórmula para garantizar la sostenibilidad del Sistema. La reforma consistió en ajustar los gastos a los ingresos, de modo que a medida que el número de beneficiarios vaya creciendo y aumenta la esperanza de vida, la cuantía de las pensiones tenderá a bajar para conseguir el equilibrio presupuestario. Se introdujeron dos índices como baluartes de la reforma: el Índice de Revalorización de las Pensiones, que limita las subidas anuales en función de la ecuación entre ingresos y gastos, y el Factor de Sostenibilidad, que ajusta la pensión inicial a la esperanza de vida. Estas dos medidas provocarán que, a pesar de que el número de beneficiarios se va a disparar, el gasto en pensiones sobre el PIB va a caer casi un punto hasta 2060. Pero claro, la estimación de caída de la cuantía será en torno al 55%. Lo que significa que sí extrapolamos la situación actual refiriéndola al año 2060, se cobraría el 45% del equivalente actual.

No obstante y aunque a muchos les parezca mentira, la tasa de sustitución (diferencia entre el último salario y la cuantía de la pensión cuando se accede a ella) seguirá situándose entre las más elevadas de Europa. Sin embargo un descenso progresivo es inevitable e importante con el tiempo. El remedio a todo ello exigirá modificar los hábitos de ahorro. Algo a lo que los españoles no estamos acostumbrados. O en su caso la alternativa que Suecia inició en la década de los 90: iniciar en paralelo a la pervivencia del sistema de reparto otro de capitalización para que ambos convivan.

Hay que pensar en lo que se avecina. Hay que considerar que las poblaciones decrezcan. Hay que suponer que tendremos que vivir en ocasiones sin crecimiento económico. Hay que votar a políticos que encaren el futuro y no se limiten a justificar el presente para seguir otra legislatura. Solo espero no leer más ocurrencias creadoras de falsas expectativas. En este tema es a lo que nos han acostumbrado y yo no me resigno.